Túnez (enero 2011), Egipto (2011)… ¿Y marzo? En Argelia ya hay tumulto y plaza, la del Primero de Mayo, y estado de emergencia desde 1992: personas en la calle con la cabeza alta que quieren ser libres, respirar. Aun son cientos frente a miles de policías antidisturbios, pero la mecha está prendida. Entre tanto escudo y casco y porra, entre tanto disfraz del abuso, surgen las primeras voces: “Vete Buteflika, vete”. Pero Buteklika no oye como no oyeron antes Ben Ali ni Hosni Mubarak.

Es un alud de dignidad lo que ha empezado a rodar por desiertos, calles y plazas, por palmeras y zocos. Y por las mezquitas. El rezo da fuerza a los que creen. Corre el miedo entre los sin miedo, entre los prepotentes, entre los que se creen a salvo de su propio pueblo, blindados en sangre ajena. Siria, Yemen, Libia… Hay un calendario para el enfado televisado: Bahrein el 14 de febrero, Marruecos, el 20…
Los invisibles se hacen visibles a miles en todo el mundo árabe y desde este lado del Mar Nuestro nadie sabe qué decir, qué callar, qué hacer. La ceguera prendió en Occidente como en la novela de José Saramago. Esgrimen miedos a radicales cuando el miedo es a los diferentes. Trinidad Jiménez dice que Marruecos está a salvo porque ya hizo las reformas. Ciegos, sordos, mudos…
La revolución no está solo en la revolución, está en sus medios nuevos, en la Red. Las ordenadores dejaron de ser pantallas, ahora son ventanas por las que se ven pasar personas. Los ordenadores son llaves que abren las ansias de vivir, de pelear por el derecho a vivir con la cabeza alta.
Es la revolución de las llaves que abren frente a la dictadura de las llaves que cierran.
En la foto de Patrick Baz se ve a un grupo de blogueros en la plaza de Tahrir, conectados con el mundo mientras que desconectaban al régimen que les asfixiaba. Uno tiene una herida en la cabeza, que no todo es teclear, a veces hay que asomar la cabeza y gritar: “Vete, impostor, vete”, sea cual sea su nombre. Están en el suelo, abrigados, llenos de cables que se conectan más allá de la foto.
Esta foto tiene esperanza, de que esas manos que teclean en la plaza de Tahrir sean las mismas que comienzan a teclear en Argel o Rabat. Manos que se alzan, se tocan y dan fuerza. Es la Revolución de las llaves. Y de las manos que que se dan la mano, que se extienden por la Red. Ya no hay fronteras, solo manos, llaves y televisiones como Al Yazeera y Al Arabiya.
Túnez (enero 2011), Egipto (2011)…
Por: Ramón Lobo para Bloq El País

