12 coberturas sobre guerras que deberías ver


  • 12 coberturas sobre guerras que deberías ver
  • Multimedia Shooter comparte esta lista que vale la pena revisar:

    1. A Grunt’s Life, de Damon Winter y el New York Times.

    2. Una año en guerra.

    3. Lista de enlaces de fotoperiodistas libios.

    4. Canal de You Tube del Sargento del Ejército Americano Mark Burrel.

    5. Road Works de VII.

    6. Apart from war de News 21.

    7. Diarios de Afganistán.

    8. Testigo de la piedad de la guerra.

    9. Cubriendo conflictos.

    10. Corazones negros, de NPR.

    11. Restrepo.

    12. Mike Kamber: La censura militar.

    Escrito por Gerardo Cardenas

    La sangrienta batalla de Bahía de Cochinos


  • La sangrienta batalla de Bahía de Cochinos
  • Museo Girón

    El jefe de la invasión de Bahía de Cochinos, José Pérez San Román, se arrodilló y besó la arena con alegría cuando desembarcó en Playa Girón, en la costa sur de Cuba. Dos días después, sus 1,500 hombres habían sido derrotados.

    “Estamos combatiendo en la playa y no tenemos munición. Por favor, envíen ayuda”, pidió San Román por radio a sus asesores de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). En su última transmisión, dijo: “No tengo con qué combatir. Nos vamos al monte”.

    El intento más directo y potente de Estados Unidos por derrocar a Fidel Castro comenzó en medio del optimismo hace 50 años un 17 de abril. Y terminó en un oprobioso desastre dos días después.

    Julio González Rebull, entonces de 24 años y ahora publicista semiretirado de Miami, tiene una explicación muy clara sobre los motivos que le arrancaron la victoria de las manos a los brigadistas.

    “La brigada no se rindió, se quedó sin munición”, dijo en una de las entrevistas que The Miami Herald y El Nuevo Herald hicieron a varios veteranos de la brigada para esta nota. “Estados Unidos nos entrenó y después nos abandonó”.

    El presidente John F. Kennedy y la CIA quedaron marcados para siempre por este revés histórico. Castro se convirtió en el David del Caribe que derrotó al Goliat del norte. Su control sobre las riendas del poder aumentó significativamente. Dieciocho meses después, la Crisis de los Misiles colocó al mundo al borde de la guerra nuclear.

    Castro calificó de mercenarios a los miembros de la fuerza invasora de la Brigada 2506 y exigió un rescate por su liberación: $500,000 por San Román y cada uno de los otros dos líderes de la invasión, y $25,000 por cada soldado.

    Pero los sobrevivientes de la Brigada recuerdan hoy los tres días de combate y los 20 meses que pasaron en las terribles prisiones de Castro como un momento histórico para ellos y luminoso para la lucha por la democracia en Cuba.

    Cinco hombres rana y un oficial de la CIA, Grayston Lynch, fueron los primeros en desembarcar horas antes del amanecer el 17 de abril de 1961. Su misión era colocar luces en la playa para guiar al resto de la fuerza de asalto anfibio.

    Unos 1,300 combatientes exiliados debían desembarcar y establecer una cabeza de playa de 40 millas de ancho en la orilla este de Bahía de Cochinos, desde Playa Larga en el norte hasta 

    Playa Girón en el centro y Caleta Verde en el sur.

    Durante las primeras horas la invasión pareció marchar bien.

    “Repelimos tres ataques durante el día, entre ellos uno por la tarde por parte de más de 1,000 milicianos y soldados”, escribió Erneido Oliva, jefe de las operaciones en Playa Larga y segundo jefe militar de la brigada.

    Paracaidistas de la brigada capturaron dos vías clave para la invasión, estrechos terraplenes construidos sobre la mayor zona pantanosa en el Caribe, la Ciénaga de Zapata. Su infantería tomó una pista necesaria para recibir suministros. Por esta pista también llegaría un gobierno “civil” que solicitaría reconocimiento internacional.

    Seis bombarderos B-26 de la brigada lanzaron bombas de 250 libras sobre el primer y último vehículo de un convoy de policías y milicianos en un terraplén, y ametrallaron al resto con sus ocho ametralladoras calibre .50 emplazadas en sus narices. Cuba reportó después 1,800 muertos y heridos sólo en ese combate.

    “Esos 15 o 20 minutos me parecieron una hora. Para los que estaban en tierra, debió parecer una eternidad”, recordó Gustavo Villoldo, quien estuvo en uno de los B-26.

    En otro sangriento combate, los brigadistas mantuvieron por tres días el control de la carretera de San Blas, bajo fuego casi constante de la artillería pesada de Castro y olas de ataques de infantería y tanques soviéticos T-34.

    Mario Martínez-Malo, miembro de una escuadra de morteros, recordó que en un momento el número de milicianos y civiles capturados en una zona era el doble de los invasores.

    En el tercer día de hostilidades, Martínez-Malo disparó 405 morteros contra la columna de milicianos en la carretera, dijo, sin tiempo para alejarse y taparse los oídos.

    “Al final estaba sordo”, relató.

    La brigada perdió 67 hombres en combate y Cuba reconoció posteriormente haber sufrido 1,250 muertos y casi 3,000 heridos.

    “Luchamos con el amor a nuestro país en el corazón. Y al principio estábamos ganando”, dijo 

    Santiago Jont, entonces un pescador pinareño de 23 años convertido en soldado.

    También combatieron con la convicción de que el poderoso gobierno estadounidense los había entrenado y armado, y vendría a rescatarlos si tenían problemas. Por esa razón estaban el portaaviones USS Essex y media decena de destructores en el horizonte.

    González recuerda que otro brigadista le dijo: “Nosotros estamos con John Wayne, y John Wayne nunca perdió una pelea”.

    Pero para el anochecer del 17 de abril la invasión estaba condenada al fracaso.

    Castro había movilizado rápidamente entre 40,000 y 60,000 hombres para un contraataque, en su mayoría policías y milicianos con poco entrenamiento pero más que suficiente munición, así como 20 cañones pesados y 40 tanques soviéticos que descargaron más de 2,000 proyectiles durante los tres días de combate.

    Castro sólo tenía un puñado de aviones: dos jets T-33 de entrenamiento, un par de aviones de combate de hélice Sea Fury y bombarderos B-26. Pero fueron suficientes para tomar el control del aire sobre Bahía de Cochinos y sellar la suerte de la fuerza de asalto.

    Mientras los aviones de Castro sólo necesitaban 20 o 30 minutos de vuelo para llegar a las playas, los pilotos de la brigada tenían que volar siete horas de ida y vuelta desde su base en Nicaragua, con el combustible suficiente para sólo 20-40 minutos de vuelo sobre la zona de combate.

    A pesar de los obstáculos, la brigada realizó 36 misiones aéreas, perdió 10 pilotos y la mitad de sus B-26. Con las ametralladoras traseras desmontadas para poder cargar más combustible, fueron una presa fácil de los ataques por la retaguardia. Cuatro pilotos estadounidenses de B-26, contratados por la CIA, perecieron en la operación.

    Los aviones cubanos hundieron rápidamente el Río Escondido, que llevaba combustible y munición para 10 días de operaciones, y dañaron el Houston, que cargaba armas, munición y combustible para otros 5,000 hombres.

    Ya hundido, el Río Grande seguía ofreciendo un espectáculo de luces.

    “El barco estaba hundido, pero seguía disparando cohetes desde el agua”, dijo Esteban Bovo, un piloto de la brigada que lo sobrevoló.

    El capitán Luis Morse encalló el Houston mientras todavía estaban a bordo unidades del segundo y quinto batallón de infantería, cuyos elementos tuvieron que desembarcar agarrados de sogas amarradas a tierra, bajo el fuego de ametralladoras de los aviones cubanos. Un hijo de Morse estaba entre los brigadistas.

    Otros dos barcos, el Atlántico y el Caribe, que transportaban más suministros y hombres, incluido el equipo médico, recibieron la orden de abandonar la zona de combate el 17 de abril para evitar los ataques aéreos y regresar por la noche.

    Eduardo Zayas-Bazán, del equipo de hombres rana, recordó que los dos barcos con tripulaciones civiles “se fueron y nunca regresaron”. Otro barco de suministro, el Oratawa, no llegó a la zona hasta varios días después.

    Tres de los cinco tanques ligeros M-41 de la brigada estaban dañados y hubo que usarlos como piezas de artillería. Los artilleros del Houston cañonearon una de sus propias barcazas de desembarco en el caos del combate.

    El 18 de abril, algunos de los tripulantes de los B-26 de la brigada se negaron a volar desde Nicaragua alegando que estaban cansados. Uno de ellos saltó de la cabina en el momento en que el avión estaba a punto de despegar.

    Una fuerza de 168 brigadistas a bordo del barco Santana debía desembarcar entre Santiago de Cuba y Guantánamo en una operación de distracción. Pero no encontró la playa asignada la primera noche. Para la segunda noche la zona estaba llena de soldados de Castro.

    Algunas unidades de la brigada comenzaron a replegarse el 18 de abril, mientras los milicianos de Castro dejaban los terraplenes y se acercaban a través de la ciénaga.

    “Salían de los pantanos como si fueran hormigas”, dijo Martínez-Malo.

    La noche del 18 y la mañana del 19 se impuso el caos en las cabezas de playa cuando se agotaron las municiones, recordaron veteranos de la brigada.

    San Román dio la orden de destruir todo el equipo de comunicación y dispersarse por los pantanos.

    “Nunca abandonaremos a nuestro país”, declaró, unas palabras que los brigadistas 

    repiten hoy como un lema.

    El gobierno de Castro anunció la derrota oficialmente la tarde del 19 de abril: “El ejército mercenario invasor, que ocupó territorio cubano por menos de 72 horas, ha sido completamente aplastado. La revolución ha triunfado”.

    Al final, fueron capturados 1,174 elementos de la Brigada 2506. Sesenta y nueve murieron en combate. Nueve se asfixiaron cuando los encerraron en una rastra para un viaje de unas 10 horas a La Habana; 10 fueron fusilados por supuestos delitos no vinculados con la invasión; y otros 10 murieron de hambre cuando escaparon en una embarcación de vela que estuvo perdida dos semanas en el mar.

    Pero algunos brigadistas lograron evadir la captura varios días, incluso semanas.

    Arturo Cobo estuvo escondido en una cueva hasta el 22 de mayo. Eli César y cinco más se ocultaron en la ciénaga infestada de mosquitos y cocodrilos con el agua por la cintura. Martínez-Malo dijo que prepararon una sopa de lagarto. A balazos, le abrieron huecos a una concretera para conseguir agua.

    Juan Clark, veterano profesor del Miami Dade College, recordó que su grupo, con un hambre atroz después de varios días en los pantanos, estranguló un cochinillo para evitar que hiciera ruido. Uno de ellos comentó: “¡Perdóname, Dios mío! ¡Mira lo que Fidel Castro me ha hecho hacer!”. Bebieron la sangre del animal mezclada con mermelada de guayaba, entonces lo hirvieron y se comieron la carne.

    Unos 20 brigadistas lograron salir de la ciénaga y refugiarse en embajadas en La Habana o en la Base Naval de Guantánamo. Hubo uno que llegó hasta el Hotel Internacional, el mejor de Varadero en ese momento, donde encontró una embarcación que lo trajo a Miami.

    Como la mayoría de los soldados en cualquier guerra, los miembros de la Brigada 2506 no conocían ningún detalle del plan general de la invasión. Pero desde 1961 el fracaso de Bahía de Cochinos se ha explicado en miles de libros, artículos y conferencias.

    El presidente Dwight Eisenhower aprobó en 1960 la invasión de una fuerza de 1,500 hombres, llamada Brigada 2506 por el número de identificación de su primera baja, Carlos Rodríguez Santana, quien pereció en un accidente mientras se entrenaba en Guatemala. Otros centros de entrenamientos estaban en Florida, Panamá, Puerto Rico y Louisiana.

    Kennedy aprobó inicialmente el plan de invasión tras asumir la presidencia el 20 de enero de 1961. Después lo fue cambiando poco a poco hasta garantizar el desastre.

    Primero vetó el plan para desembarcar cerca de Trinidad, alegando que haría mucho “ruido” político. Los planificadores de la CIA cambiaron la zona de desembarco a Bahía de Cochinos, ciertamente con menos ruido geográfico pero sin líneas fáciles de retirada si la invasión enfrentaba problemas.

    Entonces Kennedy insistió en un peligroso desembarco de noche y redujo los planes de bombardeo de aeropuertos cubanos, que tenían por fin eliminar la Fuerza Aérea de Castro y dar a los invasores el control aéreo de la zona de operaciones. Inicialmente, el plan contemplaba 38 ataques, que fueron reducidos a 22, después a 16 y finalmente a ocho.

    El piloto de uno de los T-33 cubanos, Rafael del Pino, escribió posteriormente que, de haberse realizado todos los ataques planeados, “probablemente” hubieran sido “barridos”.

    Robert Gray, secretario de Eisenhower y ahora un hombre de 89 años que vive en Miami Beach, dijo que Kennedy no debió haber cambiado los planes.

    “Como Eisenhower era general de cinco estrellas, él hubiera reconocido un mal plan militar”, dijo Gray.

    La información de inteligencia de la CIA también probó ser un desastre. Manchas de “nubes” o “algas” flotantes en las fotos de reconocimientos resultaron ser arrecifes coralinos que destrozaron el fondo de algunas de las barcazas de desembarco, que eran de aluminio. Esto provocó demoras, en algunos casos hasta el amanecer, cuando los aviones de Castro podían detectar y ametrallar a los brigadistas.

    En comparación, la información de inteligencia de Castro era excelente. Uno 

    de sus espías se había infiltrado en la brigada y diplomáticos soviéticos en México informaron a Moscú a principios de abril que la invasión ocurriría el 17 de abril.

    Las fuerzas anticastristas clandestinas, que debían iniciar un levantamiento en coordinación con el desembarco —seis barcos llevaban suficiente armamento y munición para que 25,000 hombres combatieran por lo menos 30 días— nunca recibió la alerta del desembarco por temor a que agentes de Castro hubieran penetrado los grupos de oposición.

    Las fuerzas de seguridad de Castro arrestaron a más de 100,000 sospechosos de apoyar a la oposición y los mantuvieron en campos deportivos, cines y escuelas bajo la amenaza constante del paredón de fusilamiento.

    Castro dijo posteriormente que 29 miembros de la oposición clandestina fueron ejecutados por esos días.

    Algunos historiadores de Bahía de Cochinos afirman que Kennedy vaciló debido a su juventud y falta de experiencia. Otros sostienen que el desembarco no podía haberse demorado o cancelado porque los brigadistas estaban impacientes y unos 100 pilotos cubanos enviados a entrenarse con cazas MiG en Checoslovaquia estaban a punto de regresar a la isla. Otros creen que Kennedy tenía la esperanza de que un plan de la CIA para asesinar a Castro triunfara antes de la invasión y creara el caos en la isla.

    Cualquiera que haya sido la razón, Jack Hawkins, el coronel de la Infantería de Marina que dirigió el personal paramilitar de la CIA en la invasión, calificó las decisiones de Kennedy de “una traición vergonzosa a los combatientes cubanos”.

    Castro dijo que los prisioneros eran hijos de la oligarquía, oficiales de la policía y las fuerzas armadas que habían apoyado al dictador Fulgencio Batista y mercenarios contratados por la mafia norteamericana para retomar el control de los casinos de La Habana.

    De hecho, eran una muestra amplia del pueblo cubano, unidos por la convicción de que Castro había roto su promesa de democracia y había colocado a Cuba en el camino de una dictadura comunista.

    Un estudio indicó que 173 brigadistas eran de clase alta y 361 de clase trabajadora, entre ellos 11 albañiles, cuatro barberos y un lechero. La mayoría tenía entre 17 y 40 años; el más joven con 15 años y el mayor con 61. Unos 240 eran estudiantes y 135 habían servido en las fuerzas armadas de Batista o Castro.

    Había 13 miembros de la familia Fuentes y por lo menos cuatro capellanes, todos ciudadanos españoles.

    Todos los prisioneros, vistiendo camisetas blancas y sentados en el patio de la prisión del Castillo del Príncipe, una fortaleza de la era colonial en La Habana, fueron hallados culpables de traición en un juicio televisado en abril de 1962, cargo que implicaba la pena de muerte. Pero ninguno de los brigadistas se arrepintió en público ni criticó al gobierno de Estados Unidos.

    Clark recuerda que Castro visitó a algunos de los prisioneros después del juicio y les dijo: “Tengo buenas noticias, muchachos. No van a fusilar a nadie”.

    En su lugar, fueron sentenciados a 30 años de trabajos forzados, a menos que pagaran una “indemnización”: $500,000 por San Román y otros dos altos líderes; $100,000 por otros 228 prisioneros importantes y de $50,000 a $25,000 por cada uno del resto.

    Dirigido por Berta Barreto, una cubana cuyo hijo fue prisionero, y el abogado John Donovan, que participó en el juicio a los criminales de guerra nazis en Nuremberg, se formó el Comité de Familias Cubanas para impulsar el esfuerzo de liberación de los presos.

    Castro también liberó a unos 60 heridos a partir del 14 de abril de 1962 a fin de ayudaran en la campaña para recaudar los $53 millones, que debían venir de donaciones privadas y no del gobierno estadounidense.

    El resto de los brigadistas fue enviado a notorias prisiones. Los 231 más importantes acabaron en Isla de Pinos; el resto en las celdas subterráneas, conocidas como leoneras, del Castillo del Príncipe.

    Veteranos de la brigada como Juan Evelio Pou recuerdan que los guardias con frecuencia hacían cumplir las órdenes a punta de bayoneta.

    “Nos trataron muy mal, pero nunca lograron vencernos”, dijo Pou.

    Había una letrina para cada 100 prisioneros. En una ocasión fue necesario llamar a un camión de bomberos para que limpiara el lugar con agua a presión. Muchas veces les prohibían hablar entre ellos, pero se comunicaban por la “telenaranja”, mensajes que colocaban dentro de naranjas y las lanzaban de una celda a otra. Un brote de hepatitis mató a tres prisioneros.

    Jont, el pescador, dijo que lo trataron especialmente mal porque es negro, y Castro había prometido eliminar el racismo.

    “La pasé mal. Los milicianos me miraban con odio, especialmente los milicianos negros”, dijo.

    Algunos de los guardias también le hacían el gesto de que lo iban a degollar.

    En el caso más cruel, los guardias dinamitaron ambas prisiones durante la Crisis 

    milicianos negros”, dijo. 

    Algunos de los guardias también le hacían el gesto de que lo iban a degollar. 

    En el caso más cruel, los guardias dinamitaron ambas prisiones durante la Crisis de los Misiles en octubre de ese año, listos para volar a todos los brigadistas capturados si Estados Unidos atacaba la isla. 

    Los veteranos de la brigada tienen pésimos recuerdos de la comida de la prisión. Algunas veces espaguetis para el desayuno y la cena. Otras veces un guiso misterioso que los guardias sacaban de un tanque de 55 galones y que los prisioneros jocosamente llamaban Patria o Muerte, el lema favorito de Castro. 

    Pou dijo que pesaba 200 libras cuando fue capturado, pero sólo 134 cuando al momento de su liberación. Martínez-Malo comentó que estaba tan delgado cuando lo liberaron que su padre no lo reconoció. 

    Cinco de los brigadistas que desembarcaron fueron ejecutados y a otros nueve los mantuvieron en la cárcel por supuestos delitos cometidos antes de la invasión. Los últimos dos fueron liberados en 1986, 25 años después de los hechos. 

    El resto fue liberado entre el 22 y el 24 de diciembre de 1962. Los trasladaron por avión a la Base de la Fuerza Aérea en Homestead antes de reunirse con sus familiares en Dinner Key, en Miami 

    “Poco a poco fuimos descubriendo la verdad’’ de las razones del fracaso espectacular de la invasión, dijo Clark. 

    Durante el resto de su vida, San Román sufrió de prolongados ataques de depresión, hasta que finalmente se suicidó en un parque de casas móviles de Hialeah en 1989. Un amigo le dijo a un reportero en ese momento:

    “El murió el 19 de abril de 1961. Nunca se sobrepuso a esa pérdida”

    La reportera de The Miami Herald Luisa Yanez contribuyó a este artículo.

    Publicado por ricardog

    Muertos entre bambalinas en Gaza


  • Muertos entre bambalinas en Gaza
  • Palestina-1
    Morgue del hospital de El Najar, en Rafah. / SAID KHATIB (AFP).

    El conflicto palestino-israelí tiene un grave problema: los adjetivos no les dejan ver el bosque, ni el sol. Tampoco nos dejan ver a nosotros, los que financiamos la ausencia de paz. Con los adjetivos en la cartuchera, en las bocachas de los lanzadores de los cohetes Qasam, en el fuselaje de los F-16 y de los helicópteros Apache, en muchas crónicas periodísticas que toman partido es imposible el diálogo honesto. Con tanto odio sobre la mesa, la paz es un concepto, no una propuesta, ni un objetivo. La paz es parte de la propaganda, un disimulo de la guerra.

    Tierras ocupadas, cada una con su año: 1948, 1967, 2008…; miedos y odios, refugiados, olivos, colonos, víctimas, muros, apartheid, abuso, atentados. Los escollos son tantos que nadie sabe por dónde empezar. Los escollos permanecen durante décadas para que nadie sepa por donde empezar. Son el seguro de los partidos de la guerra, de su beneficio electoral y económico. El mayor de todos, el que agrava los anteriores, es la ausencia de coraje político, de liderazgo. El reparto actual es mediocre: Mahmud Abbas-Abu Mazen, Hamás, Benjamín Netanyahu y su ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman. A uno le sobra pulsilaminidad, a los otros les falta valentía, generosidad.

    La revista Foreign Policy, poco sospechosa en estas cuestiones, publicó hace unos días una lista titulada: The world leaders (outside of Egypt) who are freaking out the most, que podríamos traducir por ‘los lideres mundiales (fuera de Egipto) que más están alucinando’ con los cambios que se están produciendo en el mundo árabe. El número 1 es Netanyahu, por delante del dictador de Yemen Alí Abdulá Saleh y el presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad. Significativo.

    Mientras todos miran a Libia, y a Siria, cuya revuelta es creciente y sangrienta, y a Costa de Marfil, aunque solo sea para disimular que nunca miramos a África, el Gobierno israelí y Hamás han reactivado su lucha particular. A los habitantes de Gaza les cayeron dos males: Israel y Hamás.

    Netanyahu ha destruido los Acuerdos de Oslo, ha invalidado el célebre Cuarteto portavoceado por Tony Blair, quien es ya en sí mismo un adjetivo, ha anulado Annapolis, ha sofocado las ínfulas de Barack Obama y ha mantenido el rumbo: construir asentamientos para que cualquier Estado palestino sea una quimera. Estos gráficos son de  Peace Now, una organziación pacifista israelí.

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    Hamás, que le ganó en junio de 2007 a la corrupta Al Fatah la guerra de la franja de Gaza, no parece andar sobrada de inteligencia ni de estrategia. En medio del despertar árabe y pese su alto el fuego unilateral ha seguido disparando cohetes sobre el sur de Israel. El Ejército israelí respondió el 16 de marzo: dos milicianos de las Brigadas Ezzedin al Qassam muertos. Hamás lanzó más cohetes y los dirigió sobre ciudades israelíes de más importancia. El jueves, un proyectil antitanque alcanzó un autobús escolar: dos jóvenes heridos, uno de ellos de importancia. La respuesta ha sido la habitual: bombardeos con F-15 y Apaches: 14 palestinos muertos; 30 en las últimas tres semanas.

     

    Captura de pantalla 2011-04-08 a las 16.53.16

    La lista de los lideres mundiales (fuera de Egipto) que más están alucinando es el arranque de un reportaje firmado por David Remnick sobre los fantasmas de Israel, su deslizamientos hacia la derecha y a la ultraderecha. Está repleto de claves para entender los mecanismos mentales de su clase dirigente. Se titula The Dissenters. Lo centra en el diario Haaretz, al que califica de institución liberal de Israel. Remnick, judío estadounidense y director del The New Yorker, cita a Golda Meyer, quien dijo en una ocasión que el único Gobierno que había gustado a Haaretz era el Mandato británico, antes de la existencia de Israel. Las mudanzas ideológicas de Haaretz, que conserva todas sus virtudes, son un reflejo de una mudanza más grande.

    Israel cultiva la mentalidad del asesiado, de quien necesita salir de la fortaleza y realizar incursiones en territorio enemigo. Ayer en Awarta detuvieron a 100 mujeres, que luego liberaron; es parte del acoso a una aldea palestina de la que creen partió el asesino de la familia judía Fogel. Tampoco hay detenidos. Ni pruebas.

    El mismo Reemnick firmó hace años un reportaje sobre las posibilidades de paz entre palestinos e isralíes. Se movió en ambas sociedades y llegó a una conclusión: el centro de reconocimiento del otro era muy pequeño, ¿Un 5% en ambos lados? Con un centro tan escuálido, la paz es imposible en esta generación. Mientras, EEUU y la UE siguen instalados en un discurso repetitivo: dos palabras de condena, algún veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y vuelta a empezar.

    Detrás de la responsabilidad de los lideres, los medios y sus adjetivos. El último atentado de Jerusalén se vinculó con Gaza. La explosión, un paquete al lado de una estación de autobuses, no se corresponde al modus operandi de los grupos palestinos. Las autoridades isarelíes reconocen que no hay vínculos, pero eso ya no es noticia.

    Por: Ramón Lobo

    Pide apoyo económico a la audiencia para seguir reporteando en Libia


  • Pide apoyo económico a la audiencia para seguir reporteando en Libia
  • Rachel Anderson

    Se llama Rachel Anderson y es periodista de investigación. Tras cubrir la revolución egipcia decidió ir a Libia para seguir informando. ¿Y eso qué tiene de raro? Resulta que ya no cuenta con el respaldo del gobierno americano y que también ha perdido la beca del Rotary Internacional.

    Ahora Anderson corre la carrera sola y busca fondos. Un caso de emprendimiento de pronóstico reservado. No se sabe si funcionará.

    Mashable cuenta que la reportera (la pueden seguir en Twitter) está usando Kickstarter, una plataforma que le ha permitido lanzar una inédita campaña:  recaudar 30 mil dólares para cubrir sus gastos básicos durante las 8 semanas que pretende permanecer en Libia. A la fecha, apenas tiene el 10% de los recursos.

    Mientras la campaña avanza ella sigue reporteando.

    Los donantes de Anderson recibirán algunos beneficios:  acceso a un newsletter semanal, imágenes en alta resolución y charlas con los líderes de la revolución Libia.

    La joven periodista dedica al menos 10 horas a promover el periodismo ciudadano en esta parte de Medio Oriente. Enseña a un grupo de 15 libios técnicas básicas para informar a nivel global.

    Puedes ver el trabajo de Rachel aquí.

    Escrito por Esther Vargas

    Mapa interactivo para aprender más de las Guerras en la Historia


  • Mapa interactivo para aprender más de las Guerras en la Historia

  • Esto sí que es educación interactiva!

    Mapa Interactivo de Conflictos bélicos en la Historia


    Digo, recuerdo mis años mozos cuando apareció la enciclopedia Encarta y me la devoraba clickeando donde fuera. Era excelente, pero hoy no alcanza. Ahora, los fanáticos de la historia y en particular los de las guerras- tienen a su disposición este mapa interactivo con su línea de tiempo denominado

    Si no tienen mucho que hacer durante la tarde, dense una vuelta. Seguro en un par de horas aprendes más de conflictos bélicos que en toda tu etapa escolar.

    Visita el Site Conflic this Story

    Éstas son las tribus de las que depende el futuro de Gadafi y Libia


  • Éstas son las tribus de las que depende el futuro de Gadafi y Libia
  • Más de 140 tribus conviven en Libia, aunque solo 30 tienen algún tipo de influencia política. El sistema tribal libio es el mayor del mundo, y de su estabilidad depende en gran parte que Gadafi siga en el poder.

    Tribus Libias

    En Libia no existe una estructura administrativa oficial. Según las directrices que marca el ‘Libro Verde’ de su dirigente, Muamar al Gadafi, el sistema tribal es la base de la ‘República de Masas’ de Libia, por lo que las tribus y los clanes son una pieza clave del poder en el país.

    Libia es el país árabe en el que mayor presencia tiene el sistema de tribus. Aunque hay más de 140, solo 30 de ellas tienen influencia política, explica el experto en Libia Hanspeter Mattes a Der Spiegel.

    Pero la importancia de estos grupos es muy importante para la estabilidad del régimen del mandatario libio. “En Libia, antes que los militares, será el sistema tribal quien mantenga el poder”, dice Alia Brahimi, experta en temas de política libia al diario de Emiratos Árabes Unidos, The National.

    “Una de las claves de Gadafi para mantener su régimen es la manipulación de las lealtades del sistema tribal libio, como Sadam Husein hizo en Irak”, se puede leer en la web del think tank, Global Security. Gadafi proviene de la tribu Gadafa, una de las menos numerosas de Libia, por lo que para mantenerse en el poder la tribu está aliada con otras.

    Sin embargo, la expectativa de Gadafi sobre el apoyo del sistema tribal no debe de ser muy buena. Varios líderes tribales se han mostrado contrarios a Gadafi desde el comienzo de las revueltas. De hecho, el Consejo Nacional de Transición de Libia explica que muchos de sus miembros pertenecen a tribus, aunque muchos de sus nombres no han sido revelados para protegerlos.

    Pero no debemos perder de vista que “las revoluciones en Libia son populares, no tribales”, afirma Hasni Abidi al medio galo France 24.

    Tribus contrarias a Gadafi

    • Warfala. Uno de cada seis libios pertenecen a esta tribu, lo que la hace ser la más grande del país (más de un millón de personas). Warfala fue la primera tribu que se unió al movimiento de oposición a Gadafi. Sus miembros han sido tradicionalmente parte del aparato de seguridad libio, y por lo tanto alineado con la tribu Gadafa (originaria del mandatario). El cambio de posición “es una mala señal para el régimen de Gadafi”, explica el analista Abidi.

    La tribu está formada por 52 sub tribus, que se encuentran principalmente en la ciudad de Bani Waled, unos 140 kilómetros al sur de la capital.

    La figura principal de la tribu es Akram al Warfali, uno de los líderes locales que han llamado a Gadafi a dejar el poder. “Nosotros le decimos al hermano (Gadafi), que ya no lo es, nosotros le instamos a abandonar el país”, dijo Al Warfali a la televisión Al Jazeera.

    • Misrata. Es la mayor tribu del este de Libia, según se lee en el diario árabe Asharq Alawsat. Su nombre procede del distrito de Misrata, al noreste libio, una zona donde la tribu es muy influyente, en concreto en las ciudades de Bengasi y Derna. Los enfrentamientos se mantienen en la ciudad, una de las más importantes de la oposición a Gadafi.
    • Zauiya. Con origen la zona costera central, la tribu ha participado activamente en el Gobierno del país. Sin embargo, Sheikh Faraj al Zuway ha amenazado con cortar las exportaciones de petróleo hasta que pare la violencia contra los manifestantes libios, según informa Global Security. Zauiya es una de las poblaciones que más ha sufrido los enfrentamientos de los opositores e importante por estar cerca del bastión de Gadafi en Trípoli.
    • Al Zintan. Esta tribu es muy similiar a la de Warfala. Sus miembros proceden de la ciudad de Zintan, al sur de Trípoli. Se encuentran principalmente en las ciudades de las montañas del oeste libio. Aunque la población está tomada por los opositores, el dictador libio ha intentado hacerse con ella en varias ocasiones.

    Tribus partidarias de Gadafi

    • Gadafa. Es la tribu de la que procede Gadafi, por lo que ha recibido un trato de favor por su parte, pese a que es relativamente pequeña. Muchos de los miembros de esta tribu conforman la elite militar libia, y controlan los medios aéreos del Ejército, uno de los primero objetivos de los ataques de la coalición contra Libia. La ciudad costera de Sirte es de donde procede la tribu, una de las ciudades más importantes para Gadafi.
    • Al Auaqir. La tribu “ha tenido un papel principal en la política libia”, explica el diario árabe Asharq Alawsat. Varios miembros de la tribu han mantenido puestos de responsabilidad en el régimen de Gadafi, incluso cargos ministeriales.


    Tribus sin posición definida

    • Magariha. Es la segunda tribu en tamaño de Libia. Su líder, Abdel Sallam Jalloud, era el número dos del Ejecutivo libio hasta que perdió el favor de Gadafi. Uno de los miembros, Abdel Baset al Megrahi, es uno de los acusados por los atentados de Lockerbie (Reino Unido) en 1988. El pasado 1 de abril la fiscalía escocesa afirmo que interrogará al ex ministro libio de Asuntos Exteriores, Musa Kusa.

    Muchos de sus miembros también forman parte del Gobierno y de los servicios de seguridad libios, según The National.

    por Santiago Zarraga

    Las mujeres que luchan, organizan, alimentan y curan la revolución Libia


  • Las mujeres que luchan, organizan, alimentan y curan la revolución Libia
  • En una habitación vacia, en el lado pobre del juzgado central de Bengasi, en el centro de operaciones a favor de la democracia de Libia, Salwa Bugaighis habla animadamente, apenas se inmuta cuando los disparos de las multitudes exaltadas resuenan afuera. Ellos, como ella, están en un estado de ánimo que gira entre la celebración y el desafío a la ansiedad. Se inundan la zona del paseo marítimo, que está llena de afiches que muestran caricaturas del líder libio, coronel Muammar Gadafi y puestos de venta de souvenirs de la liberaciòn de la parte oriental del país el 20 de febrero.

    El periodista Suzanne Himmi comenzó a escribir las historias que escuchó en los primeros días de las protestas, con la esperanza de dar al pueblo una voz.

    La abogado de 44 años de edad, una mujer elegante vestida con pantalón negro y chaqueta, con los ojos perfectamente delineados con Kohl, estuvo en las escaleras del palacio de justicia, en la primera protesta del 15 de febrero, cuando un grupo de profesionales del derecho y académicos se reunieron para protestar por el arresto de un colega y para exigir reformas legales, incluida una constitución. Ella apenas ha salido del edificio desde entonces. El 17 de febrero la reacción violenta del gobierno había llevado a solicitar un cambio de régimen, y sólo tres dìas más tarde los rebeldes exigìan el control de la ciudad, la segunda más grande después de la capital Trípoli.

    “Hay mucho que hacer”
    , dice Bugaighis mientras camina por un pasillo lleno de graffiti, su chaqueta flota a sus espaldas. “No teníamos idea de que nos desharíamos de Gadafi en tan sólo unos días y de pronto nos quedamos sin las instituciones Tuvimos que trabajar con rapidez para “organizarnos y formar un gobierno nosotros mismos”

    Ésto para ella significa un trabajo irregular, ejecuta las operaciones de logística y acciones como enlace entre la calle y el Consejo Nacional de Transición, el órgano de gobierno provisional dirigido por el ex ministro de Justicia de Gaddafi, Mustafa Abdel Jalil, que encabeza un número de ayuntamientos de todo el Sureste . Esta mañana ha estado hablando con los jóvenes en la calle, y transmitiendo sus mensajes a los miembros del consejo. Más tarde, se reunirá con el comité militar para discutir cómo prepararse contra un ataque a Bengasi – Las fuerzas del gobierno se dirigieron rápidamente hacia el este, aunque la nueva zona de exclusión aérea impuesta por las Naciones Unidas ha disminuido la amenaza – al mismo tiempo recibie llamadas sobre la llegada de los envíos de alimentos.

    Bugaighis, madre de tres hijos, es sólo una del grupo de mujeres que han estado a la vanguardia de la insurrección de Bengasi. Lejos de las líneas del frente, en el este, donde los hombres están luchando para contener a las fuerzas pro-Gadafi, las mujeres trabajan codo a codo con los hombres para mantener la lucha de los rebeldes, la sociedad y el funcionamiento de la econom.

    Los turnos de trabajo y puestos en los comitès ad hoc se han cubierto por voluntarios con un gran espìritu de colaboraciòn con las intituciones democràticas en ciernes. Algunos, como Bugaighis, son miembros de las instituciones de organización centradas en el palacio de justicia. Ella se une a su hermana Iman Bugaighis, profesora convertido en portavoz de los rebeldes, y por Salwa El Deghali, representante de las mujeres en el consejo. Pero, como fue el caso en Egipto y Túnez, las mujeres participaban en las protestas desde el principio, y las mujeres de Libia a través de todas las clases y niveles de educación están jugando un papel en el suministro de alimentos para mantener los efectivos rebeldes en las calles, independientemente de la resultado de la rebelión.

    El levantamiento del cual Bugaighis forma parte, comenzó con un llamado a las protestas el 17 de febrero, lo que lleva al movimiento prodemocràtico en Libia a ser conocido como el “17 de febrero de los rebeldes”. Sin embargo, dos días antes de este llamado a las protestas, ya estaba motivada tras la detenciòn de Terbil Fathi, un colega abogado, Él representa a los familiares de las víctimas de la matanza de Abu Salim, una tristemente célebre cárcel de Trípoli, donde las organizaciones de derechos humanos dicen que unas 1.200 personas, principalmente los presos políticos, fueron asesinados después de que se sublebaron en 1996 – sin embargo, muchas de las esposas y madres no se atrevieron a hablar de esas muertes hasta el año 2009.

    Esto, dice Bugaighis, fue la gota final. “Durante 42 años no hemos sido capaces de decir lo que queremos”, dice. Pero los pequeños incendios – alimentados por los abogados de Bengasi, muchos de ellos mujeres – se iniciaron mucho antes. En septiembre del año pasado, Bugaighis y otros salieron a las calles a la cabeza de la unión legal.

    Tomamos sillas y mesas en el exterior y celebramos nuestra reunión allí, dice Bugaighis. Todo el mundo en Libia hablaba de ello porque tales acciones son – eran – raro aquí “Ahora los abogados están tratando de dar cierta apariencia de orden en el vacío que se produjo, guiando la formación de una estructura de gobierno. “Estamos prestando nuestros servicios a la población”, dice ella. “No tenemos ninguna experiencia política, pero creo que estamos haciendo un gran trabajo.”

    Liberar a Bengasi no fue una tarea fácil. De acuerdo a la comisión médica de Bengasi, hay por lo menos 228 civiles muertos y 1.932 heridos en la lucha por esta ciudad de un millón de habitantes. Muchos murieron por disparos de francotiradores desde el cuartel Kateeba, la base de uno de los grupos extremos de la seguridad de Gadafi y su aparato militar. Los combatientes rebeldes rápidamente coparon los hopitales de Bengasi cuando se intensificaron los combates.

    La Doctora Jasmine Sherif, de 27 años, dice que ella nunca se imaginó tener que tratar pacientes con lesiones tan graves a un año despuès de haberse graduado en la la Universidad Garyounis en Bengasi. Durante varios días y noches no ha abandonado el Hospital de Bengasi en Hawaree. Trabajando con los voluntarios en las labores de enfermería, cómo cambio de apósitos y reposiciòn de las bolsas de sangre entre las salas.

    Muchas de las enfermeras eran extranjeras y huyeron del país cuandola violencia estalló, provocando una escasez de personal. Hoy Sheriff atiende a Imraja Ibrahim, un joven de 21 años. Él llegó con una bala en la cabeza y otra que le atravesò por la espalda, cortando su médula espinal entre dos vértebras lumbares. Nunca volverá a caminar, dice. Otros han llegado con los miembros mutilados. Teme que algo similar – o peor – le suceda a su hermano, que está luchando, pero dice que le animó a ir.
    Hemos roto la barrera del miedo “, dice ella.” Veo a la gente de mi edad morir cada día. Es tan difícil, pero debemos liberar a Libia libre eso implica un sacrificio. ”

    Està comprometida con un compañero médico,y no tiene idea de cuando se casaràn. Ella decidiò estudiar medicina, buscando el camino hacia una vida mejor.

    “Hay una cierta discriminación contra la mujer en nuestra vida personal, pero en el trabajo somos iguales”, dice. “Esto significa que al menos puedo ayudar y que tenemos suficiente gente para hacer frente a las fuerzas de Qaddafi. Estoy segura de que lo peor está por venir.”

    Miles de mujeres de Libia como Sheriff están en condiciones de ayudar después de haber recibido una buena educación gracias a personas como Mufeeda al Masri, un corpulento y jovial hombre de 50 años de edad. De vuelta en 2008 al Masri decidió que las niñas necesitan más acceso a la educación, y fundó la escuela Al Irtiqua (el “progreso” en árabe) . Hoy esta escuela, situada en un soleado patio central en Bengasi, se ha transformado en una cocina donde se preparan más de 1.000 comidas al día para alimentar a los rebeldes en la primera línea. La clínica de la escuela se ha convertido en una almacen de alimentos, con en sacos de patatas descansado contra la pared, y las aulas se han convertido en improvisados comedores, cuyas mesas son utilizadas como superficies de trabajo. Grandes ollas de metal salpican el suelo mientras los niños corren alrededor de las piernas de las mujeres. Desde su ocupaciòn el 20 de febrero, la escuela ha estado llena todos los días con más de 100 mujeres pelando, picando, cocinando y envasando arroz, pollo y ensalada en recipientes de aluminio. Se envasan hasta 4.000 por día, pasando a lo largo de una cadena humana que se llena y envuelve. Desde las alumnos de la escuela, hasta las viudas de la masacre de Abu Salim, las mujeres trabajan desde la mañana hasta la tarde cuando los camiones llegan para transportar la comida al frente de batalla.

    “El día que vi el derramamiento de sangre en Kateeba decidí que tenía que hacer algo para apoyar a la revolución”, dice al Masri. Su marido era un coronel de la fuerza aérea y desertó, negándose a luchar por Gadafi contra los rebeldes. El apoyo ha sido total, dice: un flujo constante de personas que vienen con los alimentos y las donaciones monetarias. Los hombres de negocio traen fajos de billetes en las manos dice ella, y los niños pequeños ofrecen los restos de sus ahorros. Los preparativos son interrumpidos por llamadas telefónicas. Una mujer recibe una llamada de su hijo en el frente – los rebeldes han logrado hacer retroceder a las fuerzas deGadafii. Las mujeres estallan celebrando la noticia. Pero son conscientes que las victorias pueden ser sólo temporales, aunque la zona de exclusión aérea ya ha renovado sus esperanzas.

    Vamos a hacer esto hasta que morir”, dice Najwa Sahly, una profesora de biología de 51 años de edad, cuyo marido, un profesor de química, fue asesinado en Abu Salim. “He perdido a mi marido, a que otra puedo temer?”

    Otras que tienen hijos y maridos en el frente saben que tienen mucho que perder. Khiria Abdul Salam, de 42 años, pasa la mitad de la jornada de protesta y oración a las afueras de la Corte de Justicia, – ocupada por tantas mujeres como hombres – y la otra mitad, apoyada contra un cojín en su sala de estar pegada al canal de noticias Al Jazeera. En su sencilla casa en el quinto piso de una destartalada zona residencial, a 10 minutos en coche por el paseo marítimo desde el centro de Bengasi, hay una apariencia de normalidad: sus dos hijas juegan mientras ella cocina, los familiares vienen en busca de noticias. Pero ella tiene miedo. Su marido salió el primer día de protesta y ella sabía que iba a unirse a los combatientes. Abdul Salam dice que no ha oído de su marido desde que se fue al frente de batalla hace tres semanas.

    “Trabajó por 20 años para el ejército antes de convertirse en guardia de una empresa. Gana 250LYD (Dh735) al mes y sus dos hijos mayores no tienen trabajo. Por eso se fue”, dice. La pareja se casó bajo la tradición de los matrimonios concertados hace 21 años, norma en la sociedad libia. Tienen tres hijos y dos hijas.

    “Ha sido bueno conmigo, una buena persona”, dice ella, llorando en voz baja. Ella sabe que pronto sus dos hijos mayores – 18 y 19 – se iràn, también. Hasta el momento no se han unido, ya que no tienen experiencia militar. Pero a medida que los rebeldes sufren bajs, ellos iràn, pues cada vez màs se convierten en un grupo variopinto. Los muchachos deben dirigirse a las líneas del frente, dispuestos a aumentar las cifras de combatientes contra Gadafi.

    Frente al palacio de justicia de Bengasi, Abdul Salam se suma como otros muchos. Una pequeña área de la acera está acordonada para las mujeres, con los hombres dando vueltas atrás. En un área cubierta, las mujeres mayores se sientan acurrucadas en mantas, y algunas oran en las mantas con la bandera tricolor- la bandera nacional antes de que Gadafi tomara el poder y que ahora ondea con orgullo desde el este – colocadas en sus cabezas. Las mujeres deambulan frente a la pared de las fotografías de los asesinados en Abu Salim, y los carteles de Mahdi Ziu. Ziu es uno de los héroes de la liberación de Bengahzi. Un padre, que condujo su coche cargado con cilindros de gas hasta las puertas de Kateeba el 20 de febrero, rompiendo la protección de las fuerzas del gobierno “, un momento crucial en la batalla por la ciudad.

    El estado de ánimo cambia casi a diario. Durante las protestas, las mujeres son desafiantes, algunas gritan desde la ventana en el piso superior del palacio de justicia a la gente de abajo. En los días del avance de los rebeldes, se acercaban en pánico a los periodistas, contando historias de su temor que las fuerzas de Gadafi, mataran a los niños si retomaban Bengasi. Las amenazas de estas historias circulan por mensajes de texto – las dos empresas de telefonía móvil son propiedad de la familia Gadafi – reciben las amenazas con el aviso de “Pronto”.

    Alrededor de las multitudes, funcionarios de la seguridad, con chaquetas fluorescentes distribuyen agua y alimentos. Un estudiante de Inglés en la Universidd de Garyounis, ahora es voluntario en las labores de mantener a las mujeres en las calles.

    “Las mujeres quieren que su voz de escuche, tienen un área especial acondicionada para hacer que todas estén lo suficientemente cómodas”, dice. Las protestas han roto barreras de una manera nunca antes vista. Las niñas dicen que se les permite salir hasta tarde y están trabajando junto con los hombres. “Todos tenemos las mismas ideas y somos uno en este momento”, dice el Ramadán. “Creo que esto va a transformar el destino de las mujeres después, cuando Libia sea libre.

    La transformación se ha producido en el hogar también. Suzanne Himmi, de 35 años, dice que ha encontrado su voz y su manera de ayudar a la revolución. Es ama de casa y madre de cinco hijos, salió a protestar en los primeros días porque “mi suegro murió en la cárcel y muchos más de mis familiares han sido víctimas de Gadafi”. Viven cerca de la corte, ella ha sido testigo de todo lo que estaba sucediendo. “Me decidí a escribir y recopilar historias de la gente”, dice. Ahora escribe a diario para el periódico Libia, uno de los nuevos medios de comunicación en Bengasi.

    “Es importante que la gente sepa lo que está pasando para que no tengan miedo”, dice Himmi. Historias de cómo los rebeldes se enfrentan en la primera línea, de cómo los habitantes en Bengasi están reaccionando, escribir es algo natural para ella, dice. “Tenía, como todo el mundo, muchas inquietudes en mi interior. “Escribir es mi manera de dejarlas salir.”

    Las mujeres también han colaborado con los periodistas que han inundado Bengasi. Ellos se encontraron con una logistica establecida, en cuestiòn de horas fueron acreditados, provistos de un coche
    y un traductor al ingles.

    “Cuando los periodistas comenzaron a llegar nos dimos cuenta que tenía la responsabilidad de cuidar de ellos porque eran clave para decirle al mundo lo que estaba pasando”, dijo Najla El Mangoush, una madre de 35 años de edad, divorciada, que pasò de ser asesora jurídica a trabajar como asistente de medios de comunicación en el Hotel Ouzu, un centro para los rebeldes y los periodistas. Nacida en el Reino Unido, ella y varios colegas se reunieron para formar uno de los tantos comités de voluntarios que existen en Bengasi, está trabajando con los medios de comunicación. Manghoush dice que apenas ha visto a sus dos hijas, Gaida, de diez años y Ragha de cinco, desde el levantamiento. Pero ellas están acostumbradas a eso, añade. Un abogado como Bugaighis antes del levantamiento, trabajaba por la mañana como asesor jurídico en un Centro Mèdico de Bengasi, y por la tarde como profesora de Derecho Penal de la Universidad Garyounis. La pobreza, dice, es una de las razones por las que muchas de las mujeres en Bengasi tienen dos puestos de trabajo, y el porqué tantas se unieron a la sublevación. Ganaba sólo 300LYD un mes en su trabajo regular, y tuvo que tomar un segundo trabajo.

    “Esta es una de las razones por las que Bengasi cayó”, dice Manghoush. “Tanto los hombres como las mujeres, profesionales, educados, estaban siendo humillados. Ahora todos estamos reconstruyendo juntos.”

    Los comentarios y acontecimientos descritos aquí son representativos de la situación en Bengasi antes de que la ONU haya impuesto la zona de exclusión aérea, que comenzó el 19 de marzo. Ellos pueden no reflejar la los cambios en la actual situación.
    Las mujeres que luchan, la organización, la alimentación y la curación de la revolución Libia

    En una habitación vacia, en el lado pobre del juzgado central de Bengasi, en el centro de operaciones a favorde la democracia de Libia, Salwa Bugaighis habla animadamente, apenas se inmuta cuando los disparos de las multitudes exaltadas resuenan afuera. Ellos, como ella, están en un estado de ánimo que gira entre la celebración y el desafío a la ansiedad. Se inundan la zona del paseo marítimo, que está llena de afiches que muestran caricaturas del líder libio, coronel Muammar Gadafi y puestos de venta de souvenirs de la liberaciòn de la parte oriental del país el 20 de febrero.

    La abogado de 44 años de edad, una mujer elegante vestida con pantalón negro y chaqueta, con los ojos perfectamente delineados con Kohl, estuvo en las escaleras del palacio de justicia, en la primera protesta del 15 de febrero, cuando un grupo de profesionales del derecho y académicos se reunieron para protestar por el arresto de un colega y para exigir reformas legales, incluida una constitución. Ella apenas ha salido del edificio desde entonces. El 17 de febrero la reacción violenta del gobierno había llevado a solicitar un cambio de régimen, y sólo tres dìas más tarde los rebeldes exigìan el control de la ciudad, la segunda más grande después de la capital Trípoli.

    “Hay mucho que hacer”, dice Bugaighis mientras camina por un pasillo lleno de graffiti, su chaqueta flota a sus espaldas. “No teníamos idea de que nos desharíamos de Gadafi en tan sólo unos días y de pronto nos quedamos sin las instituciones Tuvimos que trabajar con rapidez para “organizarnos y formar un gobierno nosotros mismos”

    Ésto para ella significa un trabajo irregular, ejecuta las operaciones de logística y acciones como enlace entre la calle y el Consejo Nacional de Transición, el órgano de gobierno provisional dirigido por el ex ministro de Justicia de Gaddafi, Mustafa Abdel Jalil, que encabeza un número de ayuntamientos de todo el Sureste . Esta mañana ha estado hablando con los jóvenes en la calle, y transmitiendo sus mensajes a los miembros del consejo. Más tarde, se reunirá con el comité militar para discutir cómo prepararse contra un ataque a Bengasi – Las fuerzas del gobierno se dirigieron rápidamente hacia el este, aunque la nueva zona de exclusión aérea impuesta por las Naciones Unidas ha disminuido la amenaza – al mismo tiempo recibie llamadas sobre la llegada de los envíos de alimentos.

    Bugaighis, madre de tres hijos, es sólo una del grupo de mujeres que han estado a la vanguardia de la insurrección de Bengasi. Lejos de las líneas del frente, en el este, donde los hombres están luchando para contener a las fuerzas pro-Gadafi, las mujeres trabajan codo a codo con los hombres para mantener la lucha de los rebeldes, la sociedad y el funcionamiento de la econom.

    Los turnos de trabajo y puestos en los comitès ad hoc se han cubierto por voluntarios con un gran espìritu de colaboraciòn con las intituciones democràticas en ciernes. Algunos, como Bugaighis, son miembros de las instituciones de organización centradas en el palacio de justicia. Ella se une a su hermana Iman Bugaighis, profesora convertido en portavoz de los rebeldes, y por Salwa El Deghali, representante de las mujeres en el consejo. Pero, como fue el caso en Egipto y Túnez, las mujeres participaban en las protestas desde el principio, y las mujeres de Libia a través de todas las clases y niveles de educación están jugando un papel en el suministro de alimentos para mantener los efectivos rebeldes en las calles, independientemente de la resultado de la rebelión.

    El levantamiento del cual Bugaighis forma parte, comenzó con un llamado a las protestas el 17 de febrero, lo que lleva al movimiento prodemocràtico en Libia a ser conocido como el “17 de febrero de los rebeldes”. Sin embargo, dos días antes de este llamado a las protestas, ya estaba motivada tras la detenciòn de Terbil Fathi, un colega abogado, Él representa a los familiares de las víctimas de la matanza de Abu Salim, una tristemente célebre cárcel de Trípoli, donde las organizaciones de derechos humanos dicen que unas 1.200 personas, principalmente los presos políticos, fueron asesinados después de que se sublebaron en 1996 – sin embargo, muchas de las esposas y madres no se atrevieron a hablar de esas muertes hasta el año 2009.

    Esto, dice Bugaighis, fue la gota final. “Durante 42 años no hemos sido capaces de decir lo que queremos”, dice. Pero los pequeños incendios – alimentados por los abogados de Bengasi, muchos de ellos mujeres – se iniciaron mucho antes. En septiembre del año pasado, Bugaighis y otros salieron a las calles a la cabeza de la unión legal.

    Tomamos sillas y mesas en el exterior y celebramos nuestra reunión allí, dice Bugaighis. Todo el mundo en Libia hablaba de ello porque tales acciones son – eran – raro aquí “Ahora los abogados están tratando de dar cierta apariencia de orden en el vacío que se produjo, guiando la formación de una estructura de gobierno. “Estamos prestando nuestros servicios a la población”, dice ella. “No tenemos ninguna experiencia política, pero creo que estamos haciendo un gran trabajo.”

    Liberar a Bengasi no fue una tarea fácil. De acuerdo a la comisión médica de Bengasi, hay por lo menos 228 civiles muertos y 1.932 heridos en la lucha por esta ciudad de un millón de habitantes. Muchos murieron por disparos de francotiradores desde el cuartel Kateeba, la base de uno de los grupos extremos de la seguridad de Gadafi y su aparato militar. Los combatientes rebeldes rápidamente coparon los hopitales de Bengasi cuando se intensificaron los combates.

    La Doctora Jasmine Sherif, de 27 años, dice que ella nunca se imaginó tener que tratar pacientes con lesiones tan graves a un año despuès de haberse graduado en la la Universidad Garyounis en Bengasi. Durante varios días y noches no ha abandonado el Hospital de Bengasi en Hawaree. Trabajando con los voluntarios en las labores de enfermería, cómo cambio de apósitos y reposiciòn de las bolsas de sangre entre las salas.

    Muchas de las enfermeras eran extranjeras y huyeron del país cuandola violencia estalló, provocando una escasez de personal. Hoy Sheriff atiende a Imraja Ibrahim, un joven de 21 años. Él llegó con una bala en la cabeza y otra que le atravesò por la espalda, cortando su médula espinal entre dos vértebras lumbares. Nunca volverá a caminar, dice. Otros han llegado con los miembros mutilados. Teme que algo similar – o peor – le suceda a su hermano, que está luchando, pero dice que le animó a ir.
    Hemos roto la barrera del miedo “, dice ella.” Veo a la gente de mi edad morir cada día. Es tan difícil, pero debemos liberar a Libia libre eso implica un sacrificio. ”

    Està comprometida con un compañero médico,y no tiene idea de cuando se casaràn. Ella decidiò estudiar medicina, buscando el camino hacia una vida mejor.

    “Hay una cierta discriminación contra la mujer en nuestra vida personal, pero en el trabajo somos iguales”, dice. “Esto significa que al menos puedo ayudar y que tenemos suficiente gente para hacer frente a las fuerzas de Qaddafi. Estoy segura de que lo peor está por venir.”

    Miles de mujeres de Libia como Sheriff están en condiciones de ayudar después de haber recibido una buena educación gracias a personas como Mufeeda al Masri, un corpulento y jovial hombre de 50 años de edad. De vuelta en 2008 al Masri decidió que las niñas necesitan más acceso a la educación, y fundó la escuela Al Irtiqua (el “progreso” en árabe) . Hoy esta escuela, situada en un soleado patio central en Bengasi, se ha transformado en una cocina donde se preparan más de 1.000 comidas al día para alimentar a los rebeldes en la primera línea. La clínica de la escuela se ha convertido en una almacen de alimentos, con en sacos de patatas descansado contra la pared, y las aulas se han convertido en improvisados comedores, cuyas mesas son utilizadas como superficies de trabajo. Grandes ollas de metal salpican el suelo mientras los niños corren alrededor de las piernas de las mujeres. Desde su ocupaciòn el 20 de febrero, la escuela ha estado llena todos los días con más de 100 mujeres pelando, picando, cocinando y envasando arroz, pollo y ensalada en recipientes de aluminio. Se envasan hasta 4.000 por día, pasando a lo largo de una cadena humana que se llena y envuelve. Desde las alumnos de la escuela, hasta las viudas de la masacre de Abu Salim, las mujeres trabajan desde la mañana hasta la tarde cuando los camiones llegan para transportar la comida al frente de batalla.

    “El día que vi el derramamiento de sangre en Kateeba decidí que tenía que hacer algo para apoyar a la revolución”, dice al Masri. Su marido era un coronel de la fuerza aérea y desertó, negándose a luchar por Gadafi contra los rebeldes. El apoyo ha sido total, dice: un flujo constante de personas que vienen con los alimentos y las donaciones monetarias. Los hombres de negocio traen fajos de billetes en las manos dice ella, y los niños pequeños ofrecen los restos de sus ahorros. Los preparativos son interrumpidos por llamadas telefónicas. Una mujer recibe una llamada de su hijo en el frente – los rebeldes han logrado hacer retroceder a las fuerzas deGadafii. Las mujeres estallan celebrando la noticia. Pero son conscientes que las victorias pueden ser sólo temporales, aunque la zona de exclusión aérea ya ha renovado sus esperanzas.

    Vamos a hacer esto hasta que morir”, dice Najwa Sahly, una profesora de biología de 51 años de edad, cuyo marido, un profesor de química, fue asesinado en Abu Salim. “He perdido a mi marido, a que otra puedo temer?”

    Otras que tienen hijos y maridos en el frente saben que tienen mucho que perder. Khiria Abdul Salam, de 42 años, pasa la mitad de la jornada de protesta y oración a las afueras de la Corte de Justicia, – ocupada por tantas mujeres como hombres – y la otra mitad, apoyada contra un cojín en su sala de estar pegada al canal de noticias Al Jazeera. En su sencilla casa en el quinto piso de una destartalada zona residencial, a 10 minutos en coche por el paseo marítimo desde el centro de Bengasi, hay una apariencia de normalidad: sus dos hijas juegan mientras ella cocina, los familiares vienen en busca de noticias. Pero ella tiene miedo. Su marido salió el primer día de protesta y ella sabía que iba a unirse a los combatientes. Abdul Salam dice que no ha oído de su marido desde que se fue al frente de batalla hace tres semanas.

    “Trabajó por 20 años para el ejército antes de convertirse en guardia de una empresa. Gana 250LYD (Dh735) al mes y sus dos hijos mayores no tienen trabajo. Por eso se fue”, dice. La pareja se casó bajo la tradición de los matrimonios concertados hace 21 años, norma en la sociedad libia. Tienen tres hijos y dos hijas.

    “Ha sido bueno conmigo, una buena persona”, dice ella, llorando en voz baja. Ella sabe que pronto sus dos hijos mayores – 18 y 19 – se iràn, también. Hasta el momento no se han unido, ya que no tienen experiencia militar. Pero a medida que los rebeldes sufren bajs, ellos iràn, pues cada vez màs se convierten en un grupo variopinto. Los muchachos deben dirigirse a las líneas del frente, dispuestos a aumentar las cifras de combatientes contra Gadafi.

    Frente al palacio de justicia de Bengasi, Abdul Salam se suma como otros muchos. Una pequeña área de la acera está acordonada para las mujeres, con los hombres dando vueltas atrás. En un área cubierta, las mujeres mayores se sientan acurrucadas en mantas, y algunas oran en las mantas con la bandera tricolor- la bandera nacional antes de que Gadafi tomara el poder y que ahora ondea con orgullo desde el este – colocadas en sus cabezas. Las mujeres deambulan frente a la pared de las fotografías de los asesinados en Abu Salim, y los carteles de Mahdi Ziu. Ziu es uno de los héroes de la liberación de Bengahzi. Un padre, que condujo su coche cargado con cilindros de gas hasta las puertas de Kateeba el 20 de febrero, rompiendo la protección de las fuerzas del gobierno “, un momento crucial en la batalla por la ciudad.

    El estado de ánimo cambia casi a diario. Durante las protestas, las mujeres son desafiantes, algunas gritan desde la ventana en el piso superior del palacio de justicia a la gente de abajo. En los días del avance de los rebeldes, se acercaban en pánico a los periodistas, contando historias de su temor que las fuerzas de Gadafi, mataran a los niños si retomaban Bengasi. Las amenazas de estas historias circulan por mensajes de texto – las dos empresas de telefonía móvil son propiedad de la familia Gadafi – reciben las amenazas con el aviso de “Pronto”.

    Alrededor de las multitudes, funcionarios de la seguridad, con chaquetas fluorescentes distribuyen agua y alimentos. Un estudiante de Inglés en la Universidd de Garyounis, ahora es voluntario en las labores de mantener a las mujeres en las calles.

    “Las mujeres quieren que su voz de escuche, tienen un área especial acondicionada para hacer que todas estén lo suficientemente cómodas”, dice. Las protestas han roto barreras de una manera nunca antes vista. Las niñas dicen que se les permite salir hasta tarde y están trabajando junto con los hombres. “Todos tenemos las mismas ideas y somos uno en este momento”, dice el Ramadán. “Creo que esto va a transformar el destino de las mujeres después, cuando Libia sea libre.

    La transformación se ha producido en el hogar también. Suzanne Himmi, de 35 años, dice que ha encontrado su voz y su manera de ayudar a la revolución. Es ama de casa y madre de cinco hijos, salió a protestar en los primeros días porque “mi suegro murió en la cárcel y muchos más de mis familiares han sido víctimas de Gadafi”. Viven cerca de la corte, ella ha sido testigo de todo lo que estaba sucediendo. “Me decidí a escribir y recopilar historias de la gente”, dice. Ahora escribe a diario para el periódico Libia, uno de los nuevos medios de comunicación en Bengasi.

    “Es importante que la gente sepa lo que está pasando para que no tengan miedo”, dice Himmi. Historias de cómo los rebeldes se enfrentan en la primera línea, de cómo los habitantes en Bengasi están reaccionando, escribir es algo natural para ella, dice. “Tenía, como todo el mundo, muchas inquietudes en mi interior. “Escribir es mi manera de dejarlas salir.”

    Las mujeres también han colaborado con los periodistas que han inundado Bengasi. Ellos se encontraron con una logistica establecida, en cuestiòn de horas fueron acreditados, provistos de un coche
    y un traductor al ingles.

    “Cuando los periodistas comenzaron a llegar nos dimos cuenta que tenía la responsabilidad de cuidar de ellos porque eran clave para decirle al mundo lo que estaba pasando”, dijo Najla El Mangoush, una madre de 35 años de edad, divorciada, que pasò de ser asesora jurídica a trabajar como asistente de medios de comunicación en el Hotel Ouzu, un centro para los rebeldes y los periodistas. Nacida en el Reino Unido, ella y varios colegas se reunieron para formar uno de los tantos comités de voluntarios que existen en Bengasi, está trabajando con los medios de comunicación. Manghoush dice que apenas ha visto a sus dos hijas, Gaida, de diez años y Ragha de cinco, desde el levantamiento. Pero ellas están acostumbradas a eso, añade. Un abogado como Bugaighis antes del levantamiento, trabajaba por la mañana como asesor jurídico en un Centro Mèdico de Bengasi, y por la tarde como profesora de Derecho Penal de la Universidad Garyounis. La pobreza, dice, es una de las razones por las que muchas de las mujeres en Bengasi tienen dos puestos de trabajo, y el porqué tantas se unieron a la sublevación. Ganaba sólo 300LYD un mes en su trabajo regular, y tuvo que tomar un segundo trabajo.

    “Esta es una de las razones por las que Bengasi cayó”, dice Manghoush. “Tanto los hombres como las mujeres, profesionales, educados, estaban siendo humillados. Ahora todos estamos reconstruyendo juntos.”

    Los comentarios y acontecimientos descritos aquí son representativos de la situación en Bengasi antes de que la ONU haya impuesto la zona de exclusión aérea, que comenzó el 19 de marzo. Ellos pueden no reflejar la los cambios en la actual situación. Las mujeres que luchan, la organización, la alimentación y la curación de la revolución Libia

    En una habitación vacia, en el lado pobre del juzgado central de Bengasi, en el centro de operaciones a favorde la democracia de Libia, Salwa Bugaighis habla animadamente, apenas se inmuta cuando los disparos de las multitudes exaltadas resuenan afuera. Ellos, como ella, están en un estado de ánimo que gira entre la celebración y el desafío a la ansiedad. Se inundan la zona del paseo marítimo, que está llena de afiches que muestran caricaturas del líder libio, coronel Muammar Gadafi y puestos de venta de souvenirs de la liberaciòn de la parte oriental del país el 20 de febrero.

    La abogado de 44 años de edad, una mujer elegante vestida con pantalón negro y chaqueta, con los ojos perfectamente delineados con Kohl, estuvo en las escaleras del palacio de justicia, en la primera protesta del 15 de febrero, cuando un grupo de profesionales del derecho y académicos se reunieron para protestar por el arresto de un colega y para exigir reformas legales, incluida una constitución. Ella apenas ha salido del edificio desde entonces. El 17 de febrero la reacción violenta del gobierno había llevado a solicitar un cambio de régimen, y sólo tres dìas más tarde los rebeldes exigìan el control de la ciudad, la segunda más grande después de la capital Trípoli.

    “Hay mucho que hacer”, dice Bugaighis mientras camina por un pasillo lleno de graffiti, su chaqueta flota a sus espaldas. “No teníamos idea de que nos desharíamos de Gadafi en tan sólo unos días y de pronto nos quedamos sin las instituciones Tuvimos que trabajar con rapidez para “organizarnos y formar un gobierno nosotros mismos”

    Ésto para ella significa un trabajo irregular, ejecuta las operaciones de logística y acciones como enlace entre la calle y el Consejo Nacional de Transición, el órgano de gobierno provisional dirigido por el ex ministro de Justicia de Gaddafi, Mustafa Abdel Jalil, que encabeza un número de ayuntamientos de todo el Sureste . Esta mañana ha estado hablando con los jóvenes en la calle, y transmitiendo sus mensajes a los miembros del consejo. Más tarde, se reunirá con el comité militar para discutir cómo prepararse contra un ataque a Bengasi – Las fuerzas del gobierno se dirigieron rápidamente hacia el este, aunque la nueva zona de exclusión aérea impuesta por las Naciones Unidas ha disminuido la amenaza – al mismo tiempo recibie llamadas sobre la llegada de los envíos de alimentos.

    Bugaighis, madre de tres hijos, es sólo una del grupo de mujeres que han estado a la vanguardia de la insurrección de Bengasi. Lejos de las líneas del frente, en el este, donde los hombres están luchando para contener a las fuerzas pro-Gadafi, las mujeres trabajan codo a codo con los hombres para mantener la lucha de los rebeldes, la sociedad y el funcionamiento de la econom.

    Los turnos de trabajo y puestos en los comitès ad hoc se han cubierto por voluntarios con un gran espìritu de colaboraciòn con las intituciones democràticas en ciernes. Algunos, como Bugaighis, son miembros de las instituciones de organización centradas en el palacio de justicia. Ella se une a su hermana Iman Bugaighis, profesora convertido en portavoz de los rebeldes, y por Salwa El Deghali, representante de las mujeres en el consejo. Pero, como fue el caso en Egipto y Túnez, las mujeres participaban en las protestas desde el principio, y las mujeres de Libia a través de todas las clases y niveles de educación están jugando un papel en el suministro de alimentos para mantener los efectivos rebeldes en las calles, independientemente de la resultado de la rebelión.

    El levantamiento del cual Bugaighis forma parte, comenzó con un llamado a las protestas el 17 de febrero, lo que lleva al movimiento prodemocràtico en Libia a ser conocido como el “17 de febrero de los rebeldes”. Sin embargo, dos días antes de este llamado a las protestas, ya estaba motivada tras la detenciòn de Terbil Fathi, un colega abogado, Él representa a los familiares de las víctimas de la matanza de Abu Salim, una tristemente célebre cárcel de Trípoli, donde las organizaciones de derechos humanos dicen que unas 1.200 personas, principalmente los presos políticos, fueron asesinados después de que se sublebaron en 1996 – sin embargo, muchas de las esposas y madres no se atrevieron a hablar de esas muertes hasta el año 2009.

    Esto, dice Bugaighis, fue la gota final. “Durante 42 años no hemos sido capaces de decir lo que queremos”, dice. Pero los pequeños incendios – alimentados por los abogados de Bengasi, muchos de ellos mujeres – se iniciaron mucho antes. En septiembre del año pasado, Bugaighis y otros salieron a las calles a la cabeza de la unión legal.

    Tomamos sillas y mesas en el exterior y celebramos nuestra reunión allí, dice Bugaighis. Todo el mundo en Libia hablaba de ello porque tales acciones son – eran – raro aquí “Ahora los abogados están tratando de dar cierta apariencia de orden en el vacío que se produjo, guiando la formación de una estructura de gobierno. “Estamos prestando nuestros servicios a la población”, dice ella. “No tenemos ninguna experiencia política, pero creo que estamos haciendo un gran trabajo.”

    Liberar a Bengasi no fue una tarea fácil. De acuerdo a la comisión médica de Bengasi, hay por lo menos 228 civiles muertos y 1.932 heridos en la lucha por esta ciudad de un millón de habitantes. Muchos murieron por disparos de francotiradores desde el cuartel Kateeba, la base de uno de los grupos extremos de la seguridad de Gadafi y su aparato militar. Los combatientes rebeldes rápidamente coparon los hopitales de Bengasi cuando se intensificaron los combates.

    La Doctora Jasmine Sherif, de 27 años, dice que ella nunca se imaginó tener que tratar pacientes con lesiones tan graves a un año despuès de haberse graduado en la la Universidad Garyounis en Bengasi. Durante varios días y noches no ha abandonado el Hospital de Bengasi en Hawaree. Trabajando con los voluntarios en las labores de enfermería, cómo cambio de apósitos y reposiciòn de las bolsas de sangre entre las salas.

    Muchas de las enfermeras eran extranjeras y huyeron del país cuandola violencia estalló, provocando una escasez de personal. Hoy Sheriff atiende a Imraja Ibrahim, un joven de 21 años. Él llegó con una bala en la cabeza y otra que le atravesò por la espalda, cortando su médula espinal entre dos vértebras lumbares. Nunca volverá a caminar, dice. Otros han llegado con los miembros mutilados. Teme que algo similar – o peor – le suceda a su hermano, que está luchando, pero dice que le animó a ir.
    Hemos roto la barrera del miedo “, dice ella.” Veo a la gente de mi edad morir cada día. Es tan difícil, pero debemos liberar a Libia libre eso implica un sacrificio. ”

    Està comprometida con un compañero médico,y no tiene idea de cuando se casaràn. Ella decidiò estudiar medicina, buscando el camino hacia una vida mejor.

    “Hay una cierta discriminación contra la mujer en nuestra vida personal, pero en el trabajo somos iguales”, dice. “Esto significa que al menos puedo ayudar y que tenemos suficiente gente para hacer frente a las fuerzas de Qaddafi. Estoy segura de que lo peor está por venir.”

    Miles de mujeres de Libia como Sheriff están en condiciones de ayudar después de haber recibido una buena educación gracias a personas como Mufeeda al Masri, un corpulento y jovial hombre de 50 años de edad. De vuelta en 2008 al Masri decidió que las niñas necesitan más acceso a la educación, y fundó la escuela Al Irtiqua (el “progreso” en árabe) . Hoy esta escuela, situada en un soleado patio central en Bengasi, se ha transformado en una cocina donde se preparan más de 1.000 comidas al día para alimentar a los rebeldes en la primera línea. La clínica de la escuela se ha convertido en una almacen de alimentos, con en sacos de patatas descansado contra la pared, y las aulas se han convertido en improvisados comedores, cuyas mesas son utilizadas como superficies de trabajo. Grandes ollas de metal salpican el suelo mientras los niños corren alrededor de las piernas de las mujeres. Desde su ocupaciòn el 20 de febrero, la escuela ha estado llena todos los días con más de 100 mujeres pelando, picando, cocinando y envasando arroz, pollo y ensalada en recipientes de aluminio. Se envasan hasta 4.000 por día, pasando a lo largo de una cadena humana que se llena y envuelve. Desde las alumnos de la escuela, hasta las viudas de la masacre de Abu Salim, las mujeres trabajan desde la mañana hasta la tarde cuando los camiones llegan para transportar la comida al frente de batalla.

    “El día que vi el derramamiento de sangre en Kateeba decidí que tenía que hacer algo para apoyar a la revolución”, dice al Masri. Su marido era un coronel de la fuerza aérea y desertó, negándose a luchar por Gadafi contra los rebeldes. El apoyo ha sido total, dice: un flujo constante de personas que vienen con los alimentos y las donaciones monetarias. Los hombres de negocio traen fajos de billetes en las manos dice ella, y los niños pequeños ofrecen los restos de sus ahorros. Los preparativos son interrumpidos por llamadas telefónicas. Una mujer recibe una llamada de su hijo en el frente – los rebeldes han logrado hacer retroceder a las fuerzas deGadafii. Las mujeres estallan celebrando la noticia. Pero son conscientes que las victorias pueden ser sólo temporales, aunque la zona de exclusión aérea ya ha renovado sus esperanzas.

    Vamos a hacer esto hasta que morir”, dice Najwa Sahly, una profesora de biología de 51 años de edad, cuyo marido, un profesor de química, fue asesinado en Abu Salim. “He perdido a mi marido, a que otra puedo temer?”

    Otras que tienen hijos y maridos en el frente saben que tienen mucho que perder. Khiria Abdul Salam, de 42 años, pasa la mitad de la jornada de protesta y oración a las afueras de la Corte de Justicia, – ocupada por tantas mujeres como hombres – y la otra mitad, apoyada contra un cojín en su sala de estar pegada al canal de noticias Al Jazeera. En su sencilla casa en el quinto piso de una destartalada zona residencial, a 10 minutos en coche por el paseo marítimo desde el centro de Bengasi, hay una apariencia de normalidad: sus dos hijas juegan mientras ella cocina, los familiares vienen en busca de noticias. Pero ella tiene miedo. Su marido salió el primer día de protesta y ella sabía que iba a unirse a los combatientes. Abdul Salam dice que no ha oído de su marido desde que se fue al frente de batalla hace tres semanas.

    “Trabajó por 20 años para el ejército antes de convertirse en guardia de una empresa. Gana 250LYD (Dh735) al mes y sus dos hijos mayores no tienen trabajo. Por eso se fue”, dice. La pareja se casó bajo la tradición de los matrimonios concertados hace 21 años, norma en la sociedad libia. Tienen tres hijos y dos hijas.

    “Ha sido bueno conmigo, una buena persona”, dice ella, llorando en voz baja. Ella sabe que pronto sus dos hijos mayores – 18 y 19 – se iràn, también. Hasta el momento no se han unido, ya que no tienen experiencia militar. Pero a medida que los rebeldes sufren bajs, ellos iràn, pues cada vez màs se convierten en un grupo variopinto. Los muchachos deben dirigirse a las líneas del frente, dispuestos a aumentar las cifras de combatientes contra Gadafi.

    Frente al palacio de justicia de Bengasi, Abdul Salam se suma como otros muchos. Una pequeña área de la acera está acordonada para las mujeres, con los hombres dando vueltas atrás. En un área cubierta, las mujeres mayores se sientan acurrucadas en mantas, y algunas oran en las mantas con la bandera tricolor- la bandera nacional antes de que Gadafi tomara el poder y que ahora ondea con orgullo desde el este – colocadas en sus cabezas. Las mujeres deambulan frente a la pared de las fotografías de los asesinados en Abu Salim, y los carteles de Mahdi Ziu. Ziu es uno de los héroes de la liberación de Bengahzi. Un padre, que condujo su coche cargado con cilindros de gas hasta las puertas de Kateeba el 20 de febrero, rompiendo la protección de las fuerzas del gobierno “, un momento crucial en la batalla por la ciudad.

    El estado de ánimo cambia casi a diario. Durante las protestas, las mujeres son desafiantes, algunas gritan desde la ventana en el piso superior del palacio de justicia a la gente de abajo. En los días del avance de los rebeldes, se acercaban en pánico a los periodistas, contando historias de su temor que las fuerzas de Gadafi, mataran a los niños si retomaban Bengasi. Las amenazas de estas historias circulan por mensajes de texto – las dos empresas de telefonía móvil son propiedad de la familia Gadafi – reciben las amenazas con el aviso de “Pronto”.

    Alrededor de las multitudes, funcionarios de la seguridad, con chaquetas fluorescentes distribuyen agua y alimentos. Un estudiante de Inglés en la Universidd de Garyounis, ahora es voluntario en las labores de mantener a las mujeres en las calles.

    “Las mujeres quieren que su voz de escuche, tienen un área especial acondicionada para hacer que todas estén lo suficientemente cómodas”, dice. Las protestas han roto barreras de una manera nunca antes vista. Las niñas dicen que se les permite salir hasta tarde y están trabajando junto con los hombres. “Todos tenemos las mismas ideas y somos uno en este momento”, dice el Ramadán. “Creo que esto va a transformar el destino de las mujeres después, cuando Libia sea libre.

    La transformación se ha producido en el hogar también. Suzanne Himmi, de 35 años, dice que ha encontrado su voz y su manera de ayudar a la revolución. Es ama de casa y madre de cinco hijos, salió a protestar en los primeros días porque “mi suegro murió en la cárcel y muchos más de mis familiares han sido víctimas de Gadafi”. Viven cerca de la corte, ella ha sido testigo de todo lo que estaba sucediendo. “Me decidí a escribir y recopilar historias de la gente”, dice. Ahora escribe a diario para el periódico Libia, uno de los nuevos medios de comunicación en Bengasi.

    “Es importante que la gente sepa lo que está pasando para que no tengan miedo”, dice Himmi. Historias de cómo los rebeldes se enfrentan en la primera línea, de cómo los habitantes en Bengasi están reaccionando, escribir es algo natural para ella, dice. “Tenía, como todo el mundo, muchas inquietudes en mi interior. “Escribir es mi manera de dejarlas salir.”

    Las mujeres también han colaborado con los periodistas que han inundado Bengasi. Ellos se encontraron con una logistica establecida, en cuestiòn de horas fueron acreditados, provistos de un coche
    y un traductor al ingles.

    “Cuando los periodistas comenzaron a llegar nos dimos cuenta que tenía la responsabilidad de cuidar de ellos porque eran clave para decirle al mundo lo que estaba pasando”, dijo Najla El Mangoush, una madre de 35 años de edad, divorciada, que pasò de ser asesora jurídica a trabajar como asistente de medios de comunicación en el Hotel Ouzu, un centro para los rebeldes y los periodistas. Nacida en el Reino Unido, ella y varios colegas se reunieron para formar uno de los tantos comités de voluntarios que existen en Bengasi, está trabajando con los medios de comunicación. Manghoush dice que apenas ha visto a sus dos hijas, Gaida, de diez años y Ragha de cinco, desde el levantamiento. Pero ellas están acostumbradas a eso, añade. Un abogado como Bugaighis antes del levantamiento, trabajaba por la mañana como asesor jurídico en un Centro Mèdico de Bengasi, y por la tarde como profesora de Derecho Penal de la Universidad Garyounis. La pobreza, dice, es una de las razones por las que muchas de las mujeres en Bengasi tienen dos puestos de trabajo, y el porqué tantas se unieron a la sublevación. Ganaba sólo 300LYD un mes en su trabajo regular, y tuvo que tomar un segundo trabajo.

    “Esta es una de las razones por las que Bengasi cayó”, dice Manghoush. “Tanto los hombres como las mujeres, profesionales, educados, estaban siendo humillados. Ahora todos estamos reconstruyendo juntos.”

    Los comentarios y acontecimientos descritos aquí son representativos de la situación en Bengasi antes de que la ONU haya impuesto la zona de exclusión aérea, que comenzó el 19 de marzo. Ellos pueden no reflejar la los cambios en la actual situación.

    Por Sarah Birke
    The National

    Traducción: @Arivene

    Goran Tomasevic, la foto de las 100 portadas


  • Goran Tomasevic, la foto de las 100 portadas
  • Jefe del fotógrafo dice cómo esta imagen de Goran Tomasevic apareció el lunes en las primeras planas de todo el mundo.

    Goran Tomasevic - Esta es la foto famosa - Reuters

    Goran, como siempre, fue hasta la primera luz y en el camino hacia el sur de Bengasi después de la primera noche de bombardeos occidentales. El equipo de Reuters multimediase encontró con un caravana de tropas leales al líder libio Muammar Gaddafi, que había sido atacado.

    Goran cuidadosamente tomó una posición cerca de los vehículos ardiendo cuando municiones explotó y así fue capaz de capturar una amplia selección de imágenes espectaculares y emblemáticos. Esta cobertura fue el clímax de la presentación de informes pendientes de Goran primera línea del avance de los rebeldes, la retirada y la intervención occidental.

    La foto de las 100 Portadas - Goran Tomasevic

    Sus imágenes han sido vistas en un increíble número de portadas de periódicos en línea y en todo el mundo, con este momento decisivo publicado ampliamente como otro histórico de la fotografía de Reuters de guerra, una fotografía de 2003 de un soldado de EE.UU. junto a la estatua del derrocado Saddam Hussein – una imagen también se disparó por Goran Tomasevic.