Bombas de doble moral


  • Bombas de doble moral
  • Países a los que exporta España; en rojo, los importantes. La noche temática.

    Debe de haber muchas armas ‘made in Spain’, y municiones, y bombas, repartidas por el mundo. España es una gran potencia, uno de los principales exportadores de armas. Vende por valor de cuatro millones de euros al día. Están por delante Alemania y cuatro de los cinco países que se sientan en el Consejo de Seguridad de la ONU con derecho a veto. El Consejo de Seguridad es, en teoría, el organismo que vigila la aplicación del llamado derecho internacional, es decir, la ética y la justicia en las relaciones internacionales.

    Captura de pantalla 2011-04-15 a las 21.28.53

    La industria de las armas es un sector que no conoce la crisis. Las exportaciones aumentaron un 77% en el primer semestre de 2010. Entre los clientes, Irán, país modélico en el respeto de la vida y las libertades de sus ciudadanos. Como lo era el régimen de Muamar el Gadafi en 2007, año en el que el Gobierno español vendió al antiguo financiador de terroristas (Abu Nidal) y promotor de atentados aéreos (Lockerbie y Níger), bombas de racimo.

    Fue un año antes de la prohibición de este tipo de armas. Un negocio redondo. Como vender mercancía al por mayor a punto de caducar.


     

    Ha querido la desgraciada realidad que esas bombas de racimo cayeran, o las lanzaran, sobre la asediada ciudad libia de Misrata, para que C.J. Chivers, periodista del diario ‘The New York Times’, ex marine y con experiencia en armas, informara de este hecho, de esta solemne hipocresía.

    Seguro que no es el único caso. Francia, Reino Unido…

    España ha vendido y vende armas a países en conflicto: Marruecos (Sahara), Argelia (su propia pobliación). Lo mismo que a Túnez y a Arabia Saudí.

    España ha vendido bombas de racimo con una mano y con la otra retira las que arroja Israel en el sur de Líbano. España acompaña con sus aviones los bombardeos de otros más decididos sobre Gadafi mientras que las tropas de Gadafi bombardean a sus civiles con armas prohibidas made in Spain. Esto debe llamarse eficacia militar, comercial y política. Y de marketing.

    Sitios útiles para entender mejor:

    -¿Qué es un bomba de racimo? Una dirección y un vídeo.


     

    Cómo se retiran; sus colores y formas atraen a los niños.


     

    -Por qué son peligrosas las bombas de racimo.

    -La campaña para su erradicación.

    -Asesinos eficientes, negocio y derechos humanos.

    -Qué es el comercio de armas.

    -La prohibición de las bombas de racimo.

    -España es el sexto exportador mundial en 2008.

    -Análisis de las exportaciones españolas en 2009.

    -EEUU, el mejor.

    -Y Rusia no se queda atrás.

    -El gran negocio global.

    Y la gran pregunta que José Luis Rodríguez Zapatero no respondió.

    Po Ramón Lobo

    El rebelde libio que “Pirateó” red de telecomunicaciones de Gadafi


  • El rebelde libio que “Pirateó” red de telecomunicaciones de Gadafi
  • Un ingeniero logra apropiarse de la infraestructura de comunicaciones gadafista y permite a los insurgentes usar teléfonos móviles en el frente

    “Hasta ahora nos comunicábamos con banderas. Cuando tocaba retirada ondeábamos la amarilla, cuando nos disponíamos a avanazar, la verde”. Quien habla es Ahmed al-Ghatrani, comandante de la insurgencia libia en Bengasi. “Gadafi nos obligó a volver a la edad de piedra”, ha asegurado. En esta ‘batalla cromática’, los insurgentes también se han visto forzados a pintar sus vehículos de color rosa para no ser víctimas del ‘fuego amigo’. Durante semanas ésta ha sido prácticamente la única manera de ‘comunicarse’ en el frente de batalla.

    Ousama Abushagur

    Y es que el régimen de Gadafi cortó las conexiones telefónicas y de internet a principios de marzo, dejando a millones de libios, entre ellos a los insurgentes, sin poder comunicarse. Hasta hoy.

    Un equipo liderado por un ingeniero libio experto en telecomunicaciones ha ayudado a los rebeldes a ‘piratear’ la red de Muamar el Gadafi y ha permitido al Gobierno de Bengasi reestablecer sus propias comunicaciones. El cerebro de esta operación se llama Ousama Abushagur, de 31 años, ingeniero de telecomunicaciones nacido en Libia y criado en Alabama, Estados Unidos. Abushagur ha explicado a LaVanguardia.es cómo surgió esta idea y cómo se desarrolló posteriormente. “Empezó el 6 de marzo y es algo que he ido trabajando junto a amigos y compañeros en la industria”, relata. La nueva red, según sus palabras, fue esbozada por primera vez en la servilleta de un avión y ha contado con la inestimable ayuda económica de “empresarios libios y de donaciones recogidas en Emiratos Árabes Unidos (EAU)”. “Los gobiernos de EAU y de Qatar no están implicados económicamente en esta iniciativa”, ha querido desmentir este ingeniero residente en Abu Dabi. Con todo, según informaciones publicadas en The Wall Steet Journal, parece que los estos países sí han brindado ayuda diplomática para respaldar esta iniciativa, poniendo de manifiesto la buena sintonía que exhiben algunos estados árabes con la administración en Bengasi.

    Ahora, estas nuevas comunicaciones, inauguradas el 2 de abril, se han convertido en una potente arma para los opositores, que logran reportar desde el frente de batalla su posición y movimientos. Estos teléfonos móviles, además, les han facilitado reunir apoyos internacionales y coordinarse con sus enviados en el extranjero.

    Empresas involucradas
    Según el WSJ, la empresa china Huawei Technologies Ltd., uno de los contratistas originales de ‘Libyana’, la red de telecomunicaciones oficial de Gadafi, centralizada al 100% en Trípoli, se ha negado a vender equipos para el proyecto de los rebeldes. Gobiernos y empresas, según el diario estadounidense, han declinado realizar cualquier declaración acerca de esta cuestión. Abushagur, no obstante, explica que el proveedor principal de la red es “Tecore, en Estados Unidos, e IDT en cuanto a conectividad internacional”, todo ello “coordinado con ingenieros de telecomunicaciones en Libia“. “Etisalat (empresa de telecomuncaciones de EAU) no está involucrada y los rumores acerca de la participación de Vodafone, Orascom, Qtel u otras compañías no son ciertos”, aclara.

    La nueva red ‘creada’ por Abushagur se llama ‘Libyana Libre’ (‘Free Libyana’). Las llamadas internacionales están limitadas a unos pocos individuos y a los funcionarios del este de Libia que más lo necesitan. Las llamadas entrantes tienen que ser pagadas con tarjetas prepago, excepto aquellas que provengan de Jordania, Egipto o Qatar. En el interior del país, su funcionamiento se restringe al este, hasta Ajdabiya, la ‘última’ ciudad rebelde. Y eso sí, las llamadas nacionales serán gratuitas hasta que ‘Libyana Libre’ ponga en marcha el sistema de facturación. Para seguir los avances de esta iniciativa, desde su cuenta en twitter (@oabushagur) Abushagur informa de los progresos e incidencias que se producen en la red.

    Por Màrius Fort

    Éstas son las tribus de las que depende el futuro de Gadafi y Libia


  • Éstas son las tribus de las que depende el futuro de Gadafi y Libia
  • Más de 140 tribus conviven en Libia, aunque solo 30 tienen algún tipo de influencia política. El sistema tribal libio es el mayor del mundo, y de su estabilidad depende en gran parte que Gadafi siga en el poder.

    Tribus Libias

    En Libia no existe una estructura administrativa oficial. Según las directrices que marca el ‘Libro Verde’ de su dirigente, Muamar al Gadafi, el sistema tribal es la base de la ‘República de Masas’ de Libia, por lo que las tribus y los clanes son una pieza clave del poder en el país.

    Libia es el país árabe en el que mayor presencia tiene el sistema de tribus. Aunque hay más de 140, solo 30 de ellas tienen influencia política, explica el experto en Libia Hanspeter Mattes a Der Spiegel.

    Pero la importancia de estos grupos es muy importante para la estabilidad del régimen del mandatario libio. “En Libia, antes que los militares, será el sistema tribal quien mantenga el poder”, dice Alia Brahimi, experta en temas de política libia al diario de Emiratos Árabes Unidos, The National.

    “Una de las claves de Gadafi para mantener su régimen es la manipulación de las lealtades del sistema tribal libio, como Sadam Husein hizo en Irak”, se puede leer en la web del think tank, Global Security. Gadafi proviene de la tribu Gadafa, una de las menos numerosas de Libia, por lo que para mantenerse en el poder la tribu está aliada con otras.

    Sin embargo, la expectativa de Gadafi sobre el apoyo del sistema tribal no debe de ser muy buena. Varios líderes tribales se han mostrado contrarios a Gadafi desde el comienzo de las revueltas. De hecho, el Consejo Nacional de Transición de Libia explica que muchos de sus miembros pertenecen a tribus, aunque muchos de sus nombres no han sido revelados para protegerlos.

    Pero no debemos perder de vista que “las revoluciones en Libia son populares, no tribales”, afirma Hasni Abidi al medio galo France 24.

    Tribus contrarias a Gadafi

    • Warfala. Uno de cada seis libios pertenecen a esta tribu, lo que la hace ser la más grande del país (más de un millón de personas). Warfala fue la primera tribu que se unió al movimiento de oposición a Gadafi. Sus miembros han sido tradicionalmente parte del aparato de seguridad libio, y por lo tanto alineado con la tribu Gadafa (originaria del mandatario). El cambio de posición “es una mala señal para el régimen de Gadafi”, explica el analista Abidi.

    La tribu está formada por 52 sub tribus, que se encuentran principalmente en la ciudad de Bani Waled, unos 140 kilómetros al sur de la capital.

    La figura principal de la tribu es Akram al Warfali, uno de los líderes locales que han llamado a Gadafi a dejar el poder. “Nosotros le decimos al hermano (Gadafi), que ya no lo es, nosotros le instamos a abandonar el país”, dijo Al Warfali a la televisión Al Jazeera.

    • Misrata. Es la mayor tribu del este de Libia, según se lee en el diario árabe Asharq Alawsat. Su nombre procede del distrito de Misrata, al noreste libio, una zona donde la tribu es muy influyente, en concreto en las ciudades de Bengasi y Derna. Los enfrentamientos se mantienen en la ciudad, una de las más importantes de la oposición a Gadafi.
    • Zauiya. Con origen la zona costera central, la tribu ha participado activamente en el Gobierno del país. Sin embargo, Sheikh Faraj al Zuway ha amenazado con cortar las exportaciones de petróleo hasta que pare la violencia contra los manifestantes libios, según informa Global Security. Zauiya es una de las poblaciones que más ha sufrido los enfrentamientos de los opositores e importante por estar cerca del bastión de Gadafi en Trípoli.
    • Al Zintan. Esta tribu es muy similiar a la de Warfala. Sus miembros proceden de la ciudad de Zintan, al sur de Trípoli. Se encuentran principalmente en las ciudades de las montañas del oeste libio. Aunque la población está tomada por los opositores, el dictador libio ha intentado hacerse con ella en varias ocasiones.

    Tribus partidarias de Gadafi

    • Gadafa. Es la tribu de la que procede Gadafi, por lo que ha recibido un trato de favor por su parte, pese a que es relativamente pequeña. Muchos de los miembros de esta tribu conforman la elite militar libia, y controlan los medios aéreos del Ejército, uno de los primero objetivos de los ataques de la coalición contra Libia. La ciudad costera de Sirte es de donde procede la tribu, una de las ciudades más importantes para Gadafi.
    • Al Auaqir. La tribu “ha tenido un papel principal en la política libia”, explica el diario árabe Asharq Alawsat. Varios miembros de la tribu han mantenido puestos de responsabilidad en el régimen de Gadafi, incluso cargos ministeriales.


    Tribus sin posición definida

    • Magariha. Es la segunda tribu en tamaño de Libia. Su líder, Abdel Sallam Jalloud, era el número dos del Ejecutivo libio hasta que perdió el favor de Gadafi. Uno de los miembros, Abdel Baset al Megrahi, es uno de los acusados por los atentados de Lockerbie (Reino Unido) en 1988. El pasado 1 de abril la fiscalía escocesa afirmo que interrogará al ex ministro libio de Asuntos Exteriores, Musa Kusa.

    Muchos de sus miembros también forman parte del Gobierno y de los servicios de seguridad libios, según The National.

    por Santiago Zarraga

    Descubre el ‘Mein Kampf’ de Gadafi


  • Descubre el ‘Mein Kampf’ de Gadafi

  • Libia no tiene Constitución. El mandatario del país, Muamar al Gadafi, considera instrumentos dictatoriales a este tipo de documentos democráticos. Pero si algo rige la política de Gadafi es su ‘Libro Verde’. En él explica cosas como que la menstruación es una “enfermedad”, que los espectadores de los partidos de fútbol son “miles de estúpidos” o que los referendos son un engaño de la democracia.

    Muamar al Gadafi escribió ‘El Libro Verde’ en 1975, seis años después de acceder al poder. Con este documento el mandatario libio quiso sentar las bases de la sociedad de su país. En 1977, Gadafi nombraba Libia como una República de las Masas o Jamahiriya, uno de los conceptos que trata en el libro.

    A través de varias citas, conocerás la doctrina que se esconde detrás de Gadafi, sus contradicciones y puntos de vista sobre política, economía, sociedad, educación, costumbres, religión… Da igual el tema, Gadafi siempre tiene algo que decir.

    “La mujer es un ser humano. Y el hombre es un ser humano. En esto estamos de acuerdo”.

    “No existe diferencia entre los derechos humanos del hombre y de la mujer; del adulto y del niño. Lo que ciertamente no se da es una igualdad total entre ellos, en cuanto a los deberes de cada uno de ellos”.

    “Esta menstruación periódica, mensual, es una hemorragia, o sea, que la mujer por ser hembra está expuesta de forma natural a esta enfermedad de hemorragia mensual”.

    “Los pueblos tienen hoy derecho a luchar a través de la revolución popular, para destruir los instrumentos de la monopolización de la democracia y de la soberanía que niega la voluntad de las masas”.

    “El [sistema de] partidos es la dictadura contemporánea… es el instrumento de Gobierno de la dictadura actual”.

    “Los miles de espectadores que llenan las gradas para ver, aplaudir y reír, no son más que miles de estúpidos, incapaces de practicar por sí mismos el deporte, al extremo de ir a colocarse en esas gradas de los campos de juego para ejercer la pereza”.

    “La enseñanza obligatoria […] es uno de los métodos de opresión y privación de la libertad […]. Es una acción dictatorial, que mata la libertad”.

    “El referéndum es una impostura hacia la democracias. Aquéllos que dicen ‘SÍ’ y aquéllos que dicen ‘NO’ no expresan realmente su voluntad […], no les está permitido pronunciar más que una palabra”.

    “Redactar una constitución y someterla a referéndum de los presentes es ridículo”.

    “El Libro Verde […] traza el camino hacia la sociedad humana, para que el hombre logre, definitivamente, su libertad material y moral y realice su propia felicidad”.

    “Impulsar a la mujer para que desempeñe el trabajo del hombre es una agresión injusta contra su condición femenina”.

    “La verdadera ley de cualquier sociedad es el uso o la religión; toda otra tentativa para encontrar la ley para cualquier sociedad, al margen de estas dos fuentes, es no válida e ilógica”.

    “Cuando una clase, un partido, una tribu o una taifa domina la sociedad, el régimen que existe se convierte en régimen dictatorial”.

    “El pueblo no puede ser sustituido por nadie”.

    “La prensa democrática es aquella que publica un comité popular. Así se resuelve, de raíz y democráticamente, lo que se llama en el mundo ‘el problema de la libertad de prensa’”.

    “Por mucho que mejoren sus salarios, los asalariados son una especie de esclavos”.
     
    “La solución definitiva la constituye la abolición del salario, la liberación del hombre de su esclavitud”.

    “La tierra no es propiedad de nadie. Sin embargo, cada cual tiene derecho a explotarla para su propio beneficio”.
     
    “La familia es, para el individuo, más importante que el Estado [...]. La familia es la cuna, origen y sombrilla social”.

    “Los jardines de infancia se asemejan a las incubadoras de pollos”.

    “La tribu es una familia grande [...] por lo que la nación es una tribu grande [...] el mundo es una nación grande”.


    (Citas extraídas de la edición de 1990 del Centro Internacional de Estudios e Investigaciones sobre ‘El Libro Verde’ de Muamar al Gadafi con sede en Trípoli, capital de Libia. Puedes consultarlo en castellano en varias bibliotecas públicas, universitarias o de fundaciones. Incluso puedes comprarlo por internet en inglés.)

  • Se puede decir que Hugo Chávez lo tiene como “Lectura ligera y de Bolsillo”
  • Por Santiago Zarraga en lainformacion.com

    Las mujeres que luchan, organizan, alimentan y curan la revolución Libia


  • Las mujeres que luchan, organizan, alimentan y curan la revolución Libia
  • En una habitación vacia, en el lado pobre del juzgado central de Bengasi, en el centro de operaciones a favor de la democracia de Libia, Salwa Bugaighis habla animadamente, apenas se inmuta cuando los disparos de las multitudes exaltadas resuenan afuera. Ellos, como ella, están en un estado de ánimo que gira entre la celebración y el desafío a la ansiedad. Se inundan la zona del paseo marítimo, que está llena de afiches que muestran caricaturas del líder libio, coronel Muammar Gadafi y puestos de venta de souvenirs de la liberaciòn de la parte oriental del país el 20 de febrero.

    El periodista Suzanne Himmi comenzó a escribir las historias que escuchó en los primeros días de las protestas, con la esperanza de dar al pueblo una voz.

    La abogado de 44 años de edad, una mujer elegante vestida con pantalón negro y chaqueta, con los ojos perfectamente delineados con Kohl, estuvo en las escaleras del palacio de justicia, en la primera protesta del 15 de febrero, cuando un grupo de profesionales del derecho y académicos se reunieron para protestar por el arresto de un colega y para exigir reformas legales, incluida una constitución. Ella apenas ha salido del edificio desde entonces. El 17 de febrero la reacción violenta del gobierno había llevado a solicitar un cambio de régimen, y sólo tres dìas más tarde los rebeldes exigìan el control de la ciudad, la segunda más grande después de la capital Trípoli.

    “Hay mucho que hacer”
    , dice Bugaighis mientras camina por un pasillo lleno de graffiti, su chaqueta flota a sus espaldas. “No teníamos idea de que nos desharíamos de Gadafi en tan sólo unos días y de pronto nos quedamos sin las instituciones Tuvimos que trabajar con rapidez para “organizarnos y formar un gobierno nosotros mismos”

    Ésto para ella significa un trabajo irregular, ejecuta las operaciones de logística y acciones como enlace entre la calle y el Consejo Nacional de Transición, el órgano de gobierno provisional dirigido por el ex ministro de Justicia de Gaddafi, Mustafa Abdel Jalil, que encabeza un número de ayuntamientos de todo el Sureste . Esta mañana ha estado hablando con los jóvenes en la calle, y transmitiendo sus mensajes a los miembros del consejo. Más tarde, se reunirá con el comité militar para discutir cómo prepararse contra un ataque a Bengasi – Las fuerzas del gobierno se dirigieron rápidamente hacia el este, aunque la nueva zona de exclusión aérea impuesta por las Naciones Unidas ha disminuido la amenaza – al mismo tiempo recibie llamadas sobre la llegada de los envíos de alimentos.

    Bugaighis, madre de tres hijos, es sólo una del grupo de mujeres que han estado a la vanguardia de la insurrección de Bengasi. Lejos de las líneas del frente, en el este, donde los hombres están luchando para contener a las fuerzas pro-Gadafi, las mujeres trabajan codo a codo con los hombres para mantener la lucha de los rebeldes, la sociedad y el funcionamiento de la econom.

    Los turnos de trabajo y puestos en los comitès ad hoc se han cubierto por voluntarios con un gran espìritu de colaboraciòn con las intituciones democràticas en ciernes. Algunos, como Bugaighis, son miembros de las instituciones de organización centradas en el palacio de justicia. Ella se une a su hermana Iman Bugaighis, profesora convertido en portavoz de los rebeldes, y por Salwa El Deghali, representante de las mujeres en el consejo. Pero, como fue el caso en Egipto y Túnez, las mujeres participaban en las protestas desde el principio, y las mujeres de Libia a través de todas las clases y niveles de educación están jugando un papel en el suministro de alimentos para mantener los efectivos rebeldes en las calles, independientemente de la resultado de la rebelión.

    El levantamiento del cual Bugaighis forma parte, comenzó con un llamado a las protestas el 17 de febrero, lo que lleva al movimiento prodemocràtico en Libia a ser conocido como el “17 de febrero de los rebeldes”. Sin embargo, dos días antes de este llamado a las protestas, ya estaba motivada tras la detenciòn de Terbil Fathi, un colega abogado, Él representa a los familiares de las víctimas de la matanza de Abu Salim, una tristemente célebre cárcel de Trípoli, donde las organizaciones de derechos humanos dicen que unas 1.200 personas, principalmente los presos políticos, fueron asesinados después de que se sublebaron en 1996 – sin embargo, muchas de las esposas y madres no se atrevieron a hablar de esas muertes hasta el año 2009.

    Esto, dice Bugaighis, fue la gota final. “Durante 42 años no hemos sido capaces de decir lo que queremos”, dice. Pero los pequeños incendios – alimentados por los abogados de Bengasi, muchos de ellos mujeres – se iniciaron mucho antes. En septiembre del año pasado, Bugaighis y otros salieron a las calles a la cabeza de la unión legal.

    Tomamos sillas y mesas en el exterior y celebramos nuestra reunión allí, dice Bugaighis. Todo el mundo en Libia hablaba de ello porque tales acciones son – eran – raro aquí “Ahora los abogados están tratando de dar cierta apariencia de orden en el vacío que se produjo, guiando la formación de una estructura de gobierno. “Estamos prestando nuestros servicios a la población”, dice ella. “No tenemos ninguna experiencia política, pero creo que estamos haciendo un gran trabajo.”

    Liberar a Bengasi no fue una tarea fácil. De acuerdo a la comisión médica de Bengasi, hay por lo menos 228 civiles muertos y 1.932 heridos en la lucha por esta ciudad de un millón de habitantes. Muchos murieron por disparos de francotiradores desde el cuartel Kateeba, la base de uno de los grupos extremos de la seguridad de Gadafi y su aparato militar. Los combatientes rebeldes rápidamente coparon los hopitales de Bengasi cuando se intensificaron los combates.

    La Doctora Jasmine Sherif, de 27 años, dice que ella nunca se imaginó tener que tratar pacientes con lesiones tan graves a un año despuès de haberse graduado en la la Universidad Garyounis en Bengasi. Durante varios días y noches no ha abandonado el Hospital de Bengasi en Hawaree. Trabajando con los voluntarios en las labores de enfermería, cómo cambio de apósitos y reposiciòn de las bolsas de sangre entre las salas.

    Muchas de las enfermeras eran extranjeras y huyeron del país cuandola violencia estalló, provocando una escasez de personal. Hoy Sheriff atiende a Imraja Ibrahim, un joven de 21 años. Él llegó con una bala en la cabeza y otra que le atravesò por la espalda, cortando su médula espinal entre dos vértebras lumbares. Nunca volverá a caminar, dice. Otros han llegado con los miembros mutilados. Teme que algo similar – o peor – le suceda a su hermano, que está luchando, pero dice que le animó a ir.
    Hemos roto la barrera del miedo “, dice ella.” Veo a la gente de mi edad morir cada día. Es tan difícil, pero debemos liberar a Libia libre eso implica un sacrificio. ”

    Està comprometida con un compañero médico,y no tiene idea de cuando se casaràn. Ella decidiò estudiar medicina, buscando el camino hacia una vida mejor.

    “Hay una cierta discriminación contra la mujer en nuestra vida personal, pero en el trabajo somos iguales”, dice. “Esto significa que al menos puedo ayudar y que tenemos suficiente gente para hacer frente a las fuerzas de Qaddafi. Estoy segura de que lo peor está por venir.”

    Miles de mujeres de Libia como Sheriff están en condiciones de ayudar después de haber recibido una buena educación gracias a personas como Mufeeda al Masri, un corpulento y jovial hombre de 50 años de edad. De vuelta en 2008 al Masri decidió que las niñas necesitan más acceso a la educación, y fundó la escuela Al Irtiqua (el “progreso” en árabe) . Hoy esta escuela, situada en un soleado patio central en Bengasi, se ha transformado en una cocina donde se preparan más de 1.000 comidas al día para alimentar a los rebeldes en la primera línea. La clínica de la escuela se ha convertido en una almacen de alimentos, con en sacos de patatas descansado contra la pared, y las aulas se han convertido en improvisados comedores, cuyas mesas son utilizadas como superficies de trabajo. Grandes ollas de metal salpican el suelo mientras los niños corren alrededor de las piernas de las mujeres. Desde su ocupaciòn el 20 de febrero, la escuela ha estado llena todos los días con más de 100 mujeres pelando, picando, cocinando y envasando arroz, pollo y ensalada en recipientes de aluminio. Se envasan hasta 4.000 por día, pasando a lo largo de una cadena humana que se llena y envuelve. Desde las alumnos de la escuela, hasta las viudas de la masacre de Abu Salim, las mujeres trabajan desde la mañana hasta la tarde cuando los camiones llegan para transportar la comida al frente de batalla.

    “El día que vi el derramamiento de sangre en Kateeba decidí que tenía que hacer algo para apoyar a la revolución”, dice al Masri. Su marido era un coronel de la fuerza aérea y desertó, negándose a luchar por Gadafi contra los rebeldes. El apoyo ha sido total, dice: un flujo constante de personas que vienen con los alimentos y las donaciones monetarias. Los hombres de negocio traen fajos de billetes en las manos dice ella, y los niños pequeños ofrecen los restos de sus ahorros. Los preparativos son interrumpidos por llamadas telefónicas. Una mujer recibe una llamada de su hijo en el frente – los rebeldes han logrado hacer retroceder a las fuerzas deGadafii. Las mujeres estallan celebrando la noticia. Pero son conscientes que las victorias pueden ser sólo temporales, aunque la zona de exclusión aérea ya ha renovado sus esperanzas.

    Vamos a hacer esto hasta que morir”, dice Najwa Sahly, una profesora de biología de 51 años de edad, cuyo marido, un profesor de química, fue asesinado en Abu Salim. “He perdido a mi marido, a que otra puedo temer?”

    Otras que tienen hijos y maridos en el frente saben que tienen mucho que perder. Khiria Abdul Salam, de 42 años, pasa la mitad de la jornada de protesta y oración a las afueras de la Corte de Justicia, – ocupada por tantas mujeres como hombres – y la otra mitad, apoyada contra un cojín en su sala de estar pegada al canal de noticias Al Jazeera. En su sencilla casa en el quinto piso de una destartalada zona residencial, a 10 minutos en coche por el paseo marítimo desde el centro de Bengasi, hay una apariencia de normalidad: sus dos hijas juegan mientras ella cocina, los familiares vienen en busca de noticias. Pero ella tiene miedo. Su marido salió el primer día de protesta y ella sabía que iba a unirse a los combatientes. Abdul Salam dice que no ha oído de su marido desde que se fue al frente de batalla hace tres semanas.

    “Trabajó por 20 años para el ejército antes de convertirse en guardia de una empresa. Gana 250LYD (Dh735) al mes y sus dos hijos mayores no tienen trabajo. Por eso se fue”, dice. La pareja se casó bajo la tradición de los matrimonios concertados hace 21 años, norma en la sociedad libia. Tienen tres hijos y dos hijas.

    “Ha sido bueno conmigo, una buena persona”, dice ella, llorando en voz baja. Ella sabe que pronto sus dos hijos mayores – 18 y 19 – se iràn, también. Hasta el momento no se han unido, ya que no tienen experiencia militar. Pero a medida que los rebeldes sufren bajs, ellos iràn, pues cada vez màs se convierten en un grupo variopinto. Los muchachos deben dirigirse a las líneas del frente, dispuestos a aumentar las cifras de combatientes contra Gadafi.

    Frente al palacio de justicia de Bengasi, Abdul Salam se suma como otros muchos. Una pequeña área de la acera está acordonada para las mujeres, con los hombres dando vueltas atrás. En un área cubierta, las mujeres mayores se sientan acurrucadas en mantas, y algunas oran en las mantas con la bandera tricolor- la bandera nacional antes de que Gadafi tomara el poder y que ahora ondea con orgullo desde el este – colocadas en sus cabezas. Las mujeres deambulan frente a la pared de las fotografías de los asesinados en Abu Salim, y los carteles de Mahdi Ziu. Ziu es uno de los héroes de la liberación de Bengahzi. Un padre, que condujo su coche cargado con cilindros de gas hasta las puertas de Kateeba el 20 de febrero, rompiendo la protección de las fuerzas del gobierno “, un momento crucial en la batalla por la ciudad.

    El estado de ánimo cambia casi a diario. Durante las protestas, las mujeres son desafiantes, algunas gritan desde la ventana en el piso superior del palacio de justicia a la gente de abajo. En los días del avance de los rebeldes, se acercaban en pánico a los periodistas, contando historias de su temor que las fuerzas de Gadafi, mataran a los niños si retomaban Bengasi. Las amenazas de estas historias circulan por mensajes de texto – las dos empresas de telefonía móvil son propiedad de la familia Gadafi – reciben las amenazas con el aviso de “Pronto”.

    Alrededor de las multitudes, funcionarios de la seguridad, con chaquetas fluorescentes distribuyen agua y alimentos. Un estudiante de Inglés en la Universidd de Garyounis, ahora es voluntario en las labores de mantener a las mujeres en las calles.

    “Las mujeres quieren que su voz de escuche, tienen un área especial acondicionada para hacer que todas estén lo suficientemente cómodas”, dice. Las protestas han roto barreras de una manera nunca antes vista. Las niñas dicen que se les permite salir hasta tarde y están trabajando junto con los hombres. “Todos tenemos las mismas ideas y somos uno en este momento”, dice el Ramadán. “Creo que esto va a transformar el destino de las mujeres después, cuando Libia sea libre.

    La transformación se ha producido en el hogar también. Suzanne Himmi, de 35 años, dice que ha encontrado su voz y su manera de ayudar a la revolución. Es ama de casa y madre de cinco hijos, salió a protestar en los primeros días porque “mi suegro murió en la cárcel y muchos más de mis familiares han sido víctimas de Gadafi”. Viven cerca de la corte, ella ha sido testigo de todo lo que estaba sucediendo. “Me decidí a escribir y recopilar historias de la gente”, dice. Ahora escribe a diario para el periódico Libia, uno de los nuevos medios de comunicación en Bengasi.

    “Es importante que la gente sepa lo que está pasando para que no tengan miedo”, dice Himmi. Historias de cómo los rebeldes se enfrentan en la primera línea, de cómo los habitantes en Bengasi están reaccionando, escribir es algo natural para ella, dice. “Tenía, como todo el mundo, muchas inquietudes en mi interior. “Escribir es mi manera de dejarlas salir.”

    Las mujeres también han colaborado con los periodistas que han inundado Bengasi. Ellos se encontraron con una logistica establecida, en cuestiòn de horas fueron acreditados, provistos de un coche
    y un traductor al ingles.

    “Cuando los periodistas comenzaron a llegar nos dimos cuenta que tenía la responsabilidad de cuidar de ellos porque eran clave para decirle al mundo lo que estaba pasando”, dijo Najla El Mangoush, una madre de 35 años de edad, divorciada, que pasò de ser asesora jurídica a trabajar como asistente de medios de comunicación en el Hotel Ouzu, un centro para los rebeldes y los periodistas. Nacida en el Reino Unido, ella y varios colegas se reunieron para formar uno de los tantos comités de voluntarios que existen en Bengasi, está trabajando con los medios de comunicación. Manghoush dice que apenas ha visto a sus dos hijas, Gaida, de diez años y Ragha de cinco, desde el levantamiento. Pero ellas están acostumbradas a eso, añade. Un abogado como Bugaighis antes del levantamiento, trabajaba por la mañana como asesor jurídico en un Centro Mèdico de Bengasi, y por la tarde como profesora de Derecho Penal de la Universidad Garyounis. La pobreza, dice, es una de las razones por las que muchas de las mujeres en Bengasi tienen dos puestos de trabajo, y el porqué tantas se unieron a la sublevación. Ganaba sólo 300LYD un mes en su trabajo regular, y tuvo que tomar un segundo trabajo.

    “Esta es una de las razones por las que Bengasi cayó”, dice Manghoush. “Tanto los hombres como las mujeres, profesionales, educados, estaban siendo humillados. Ahora todos estamos reconstruyendo juntos.”

    Los comentarios y acontecimientos descritos aquí son representativos de la situación en Bengasi antes de que la ONU haya impuesto la zona de exclusión aérea, que comenzó el 19 de marzo. Ellos pueden no reflejar la los cambios en la actual situación.
    Las mujeres que luchan, la organización, la alimentación y la curación de la revolución Libia

    En una habitación vacia, en el lado pobre del juzgado central de Bengasi, en el centro de operaciones a favorde la democracia de Libia, Salwa Bugaighis habla animadamente, apenas se inmuta cuando los disparos de las multitudes exaltadas resuenan afuera. Ellos, como ella, están en un estado de ánimo que gira entre la celebración y el desafío a la ansiedad. Se inundan la zona del paseo marítimo, que está llena de afiches que muestran caricaturas del líder libio, coronel Muammar Gadafi y puestos de venta de souvenirs de la liberaciòn de la parte oriental del país el 20 de febrero.

    La abogado de 44 años de edad, una mujer elegante vestida con pantalón negro y chaqueta, con los ojos perfectamente delineados con Kohl, estuvo en las escaleras del palacio de justicia, en la primera protesta del 15 de febrero, cuando un grupo de profesionales del derecho y académicos se reunieron para protestar por el arresto de un colega y para exigir reformas legales, incluida una constitución. Ella apenas ha salido del edificio desde entonces. El 17 de febrero la reacción violenta del gobierno había llevado a solicitar un cambio de régimen, y sólo tres dìas más tarde los rebeldes exigìan el control de la ciudad, la segunda más grande después de la capital Trípoli.

    “Hay mucho que hacer”, dice Bugaighis mientras camina por un pasillo lleno de graffiti, su chaqueta flota a sus espaldas. “No teníamos idea de que nos desharíamos de Gadafi en tan sólo unos días y de pronto nos quedamos sin las instituciones Tuvimos que trabajar con rapidez para “organizarnos y formar un gobierno nosotros mismos”

    Ésto para ella significa un trabajo irregular, ejecuta las operaciones de logística y acciones como enlace entre la calle y el Consejo Nacional de Transición, el órgano de gobierno provisional dirigido por el ex ministro de Justicia de Gaddafi, Mustafa Abdel Jalil, que encabeza un número de ayuntamientos de todo el Sureste . Esta mañana ha estado hablando con los jóvenes en la calle, y transmitiendo sus mensajes a los miembros del consejo. Más tarde, se reunirá con el comité militar para discutir cómo prepararse contra un ataque a Bengasi – Las fuerzas del gobierno se dirigieron rápidamente hacia el este, aunque la nueva zona de exclusión aérea impuesta por las Naciones Unidas ha disminuido la amenaza – al mismo tiempo recibie llamadas sobre la llegada de los envíos de alimentos.

    Bugaighis, madre de tres hijos, es sólo una del grupo de mujeres que han estado a la vanguardia de la insurrección de Bengasi. Lejos de las líneas del frente, en el este, donde los hombres están luchando para contener a las fuerzas pro-Gadafi, las mujeres trabajan codo a codo con los hombres para mantener la lucha de los rebeldes, la sociedad y el funcionamiento de la econom.

    Los turnos de trabajo y puestos en los comitès ad hoc se han cubierto por voluntarios con un gran espìritu de colaboraciòn con las intituciones democràticas en ciernes. Algunos, como Bugaighis, son miembros de las instituciones de organización centradas en el palacio de justicia. Ella se une a su hermana Iman Bugaighis, profesora convertido en portavoz de los rebeldes, y por Salwa El Deghali, representante de las mujeres en el consejo. Pero, como fue el caso en Egipto y Túnez, las mujeres participaban en las protestas desde el principio, y las mujeres de Libia a través de todas las clases y niveles de educación están jugando un papel en el suministro de alimentos para mantener los efectivos rebeldes en las calles, independientemente de la resultado de la rebelión.

    El levantamiento del cual Bugaighis forma parte, comenzó con un llamado a las protestas el 17 de febrero, lo que lleva al movimiento prodemocràtico en Libia a ser conocido como el “17 de febrero de los rebeldes”. Sin embargo, dos días antes de este llamado a las protestas, ya estaba motivada tras la detenciòn de Terbil Fathi, un colega abogado, Él representa a los familiares de las víctimas de la matanza de Abu Salim, una tristemente célebre cárcel de Trípoli, donde las organizaciones de derechos humanos dicen que unas 1.200 personas, principalmente los presos políticos, fueron asesinados después de que se sublebaron en 1996 – sin embargo, muchas de las esposas y madres no se atrevieron a hablar de esas muertes hasta el año 2009.

    Esto, dice Bugaighis, fue la gota final. “Durante 42 años no hemos sido capaces de decir lo que queremos”, dice. Pero los pequeños incendios – alimentados por los abogados de Bengasi, muchos de ellos mujeres – se iniciaron mucho antes. En septiembre del año pasado, Bugaighis y otros salieron a las calles a la cabeza de la unión legal.

    Tomamos sillas y mesas en el exterior y celebramos nuestra reunión allí, dice Bugaighis. Todo el mundo en Libia hablaba de ello porque tales acciones son – eran – raro aquí “Ahora los abogados están tratando de dar cierta apariencia de orden en el vacío que se produjo, guiando la formación de una estructura de gobierno. “Estamos prestando nuestros servicios a la población”, dice ella. “No tenemos ninguna experiencia política, pero creo que estamos haciendo un gran trabajo.”

    Liberar a Bengasi no fue una tarea fácil. De acuerdo a la comisión médica de Bengasi, hay por lo menos 228 civiles muertos y 1.932 heridos en la lucha por esta ciudad de un millón de habitantes. Muchos murieron por disparos de francotiradores desde el cuartel Kateeba, la base de uno de los grupos extremos de la seguridad de Gadafi y su aparato militar. Los combatientes rebeldes rápidamente coparon los hopitales de Bengasi cuando se intensificaron los combates.

    La Doctora Jasmine Sherif, de 27 años, dice que ella nunca se imaginó tener que tratar pacientes con lesiones tan graves a un año despuès de haberse graduado en la la Universidad Garyounis en Bengasi. Durante varios días y noches no ha abandonado el Hospital de Bengasi en Hawaree. Trabajando con los voluntarios en las labores de enfermería, cómo cambio de apósitos y reposiciòn de las bolsas de sangre entre las salas.

    Muchas de las enfermeras eran extranjeras y huyeron del país cuandola violencia estalló, provocando una escasez de personal. Hoy Sheriff atiende a Imraja Ibrahim, un joven de 21 años. Él llegó con una bala en la cabeza y otra que le atravesò por la espalda, cortando su médula espinal entre dos vértebras lumbares. Nunca volverá a caminar, dice. Otros han llegado con los miembros mutilados. Teme que algo similar – o peor – le suceda a su hermano, que está luchando, pero dice que le animó a ir.
    Hemos roto la barrera del miedo “, dice ella.” Veo a la gente de mi edad morir cada día. Es tan difícil, pero debemos liberar a Libia libre eso implica un sacrificio. ”

    Està comprometida con un compañero médico,y no tiene idea de cuando se casaràn. Ella decidiò estudiar medicina, buscando el camino hacia una vida mejor.

    “Hay una cierta discriminación contra la mujer en nuestra vida personal, pero en el trabajo somos iguales”, dice. “Esto significa que al menos puedo ayudar y que tenemos suficiente gente para hacer frente a las fuerzas de Qaddafi. Estoy segura de que lo peor está por venir.”

    Miles de mujeres de Libia como Sheriff están en condiciones de ayudar después de haber recibido una buena educación gracias a personas como Mufeeda al Masri, un corpulento y jovial hombre de 50 años de edad. De vuelta en 2008 al Masri decidió que las niñas necesitan más acceso a la educación, y fundó la escuela Al Irtiqua (el “progreso” en árabe) . Hoy esta escuela, situada en un soleado patio central en Bengasi, se ha transformado en una cocina donde se preparan más de 1.000 comidas al día para alimentar a los rebeldes en la primera línea. La clínica de la escuela se ha convertido en una almacen de alimentos, con en sacos de patatas descansado contra la pared, y las aulas se han convertido en improvisados comedores, cuyas mesas son utilizadas como superficies de trabajo. Grandes ollas de metal salpican el suelo mientras los niños corren alrededor de las piernas de las mujeres. Desde su ocupaciòn el 20 de febrero, la escuela ha estado llena todos los días con más de 100 mujeres pelando, picando, cocinando y envasando arroz, pollo y ensalada en recipientes de aluminio. Se envasan hasta 4.000 por día, pasando a lo largo de una cadena humana que se llena y envuelve. Desde las alumnos de la escuela, hasta las viudas de la masacre de Abu Salim, las mujeres trabajan desde la mañana hasta la tarde cuando los camiones llegan para transportar la comida al frente de batalla.

    “El día que vi el derramamiento de sangre en Kateeba decidí que tenía que hacer algo para apoyar a la revolución”, dice al Masri. Su marido era un coronel de la fuerza aérea y desertó, negándose a luchar por Gadafi contra los rebeldes. El apoyo ha sido total, dice: un flujo constante de personas que vienen con los alimentos y las donaciones monetarias. Los hombres de negocio traen fajos de billetes en las manos dice ella, y los niños pequeños ofrecen los restos de sus ahorros. Los preparativos son interrumpidos por llamadas telefónicas. Una mujer recibe una llamada de su hijo en el frente – los rebeldes han logrado hacer retroceder a las fuerzas deGadafii. Las mujeres estallan celebrando la noticia. Pero son conscientes que las victorias pueden ser sólo temporales, aunque la zona de exclusión aérea ya ha renovado sus esperanzas.

    Vamos a hacer esto hasta que morir”, dice Najwa Sahly, una profesora de biología de 51 años de edad, cuyo marido, un profesor de química, fue asesinado en Abu Salim. “He perdido a mi marido, a que otra puedo temer?”

    Otras que tienen hijos y maridos en el frente saben que tienen mucho que perder. Khiria Abdul Salam, de 42 años, pasa la mitad de la jornada de protesta y oración a las afueras de la Corte de Justicia, – ocupada por tantas mujeres como hombres – y la otra mitad, apoyada contra un cojín en su sala de estar pegada al canal de noticias Al Jazeera. En su sencilla casa en el quinto piso de una destartalada zona residencial, a 10 minutos en coche por el paseo marítimo desde el centro de Bengasi, hay una apariencia de normalidad: sus dos hijas juegan mientras ella cocina, los familiares vienen en busca de noticias. Pero ella tiene miedo. Su marido salió el primer día de protesta y ella sabía que iba a unirse a los combatientes. Abdul Salam dice que no ha oído de su marido desde que se fue al frente de batalla hace tres semanas.

    “Trabajó por 20 años para el ejército antes de convertirse en guardia de una empresa. Gana 250LYD (Dh735) al mes y sus dos hijos mayores no tienen trabajo. Por eso se fue”, dice. La pareja se casó bajo la tradición de los matrimonios concertados hace 21 años, norma en la sociedad libia. Tienen tres hijos y dos hijas.

    “Ha sido bueno conmigo, una buena persona”, dice ella, llorando en voz baja. Ella sabe que pronto sus dos hijos mayores – 18 y 19 – se iràn, también. Hasta el momento no se han unido, ya que no tienen experiencia militar. Pero a medida que los rebeldes sufren bajs, ellos iràn, pues cada vez màs se convierten en un grupo variopinto. Los muchachos deben dirigirse a las líneas del frente, dispuestos a aumentar las cifras de combatientes contra Gadafi.

    Frente al palacio de justicia de Bengasi, Abdul Salam se suma como otros muchos. Una pequeña área de la acera está acordonada para las mujeres, con los hombres dando vueltas atrás. En un área cubierta, las mujeres mayores se sientan acurrucadas en mantas, y algunas oran en las mantas con la bandera tricolor- la bandera nacional antes de que Gadafi tomara el poder y que ahora ondea con orgullo desde el este – colocadas en sus cabezas. Las mujeres deambulan frente a la pared de las fotografías de los asesinados en Abu Salim, y los carteles de Mahdi Ziu. Ziu es uno de los héroes de la liberación de Bengahzi. Un padre, que condujo su coche cargado con cilindros de gas hasta las puertas de Kateeba el 20 de febrero, rompiendo la protección de las fuerzas del gobierno “, un momento crucial en la batalla por la ciudad.

    El estado de ánimo cambia casi a diario. Durante las protestas, las mujeres son desafiantes, algunas gritan desde la ventana en el piso superior del palacio de justicia a la gente de abajo. En los días del avance de los rebeldes, se acercaban en pánico a los periodistas, contando historias de su temor que las fuerzas de Gadafi, mataran a los niños si retomaban Bengasi. Las amenazas de estas historias circulan por mensajes de texto – las dos empresas de telefonía móvil son propiedad de la familia Gadafi – reciben las amenazas con el aviso de “Pronto”.

    Alrededor de las multitudes, funcionarios de la seguridad, con chaquetas fluorescentes distribuyen agua y alimentos. Un estudiante de Inglés en la Universidd de Garyounis, ahora es voluntario en las labores de mantener a las mujeres en las calles.

    “Las mujeres quieren que su voz de escuche, tienen un área especial acondicionada para hacer que todas estén lo suficientemente cómodas”, dice. Las protestas han roto barreras de una manera nunca antes vista. Las niñas dicen que se les permite salir hasta tarde y están trabajando junto con los hombres. “Todos tenemos las mismas ideas y somos uno en este momento”, dice el Ramadán. “Creo que esto va a transformar el destino de las mujeres después, cuando Libia sea libre.

    La transformación se ha producido en el hogar también. Suzanne Himmi, de 35 años, dice que ha encontrado su voz y su manera de ayudar a la revolución. Es ama de casa y madre de cinco hijos, salió a protestar en los primeros días porque “mi suegro murió en la cárcel y muchos más de mis familiares han sido víctimas de Gadafi”. Viven cerca de la corte, ella ha sido testigo de todo lo que estaba sucediendo. “Me decidí a escribir y recopilar historias de la gente”, dice. Ahora escribe a diario para el periódico Libia, uno de los nuevos medios de comunicación en Bengasi.

    “Es importante que la gente sepa lo que está pasando para que no tengan miedo”, dice Himmi. Historias de cómo los rebeldes se enfrentan en la primera línea, de cómo los habitantes en Bengasi están reaccionando, escribir es algo natural para ella, dice. “Tenía, como todo el mundo, muchas inquietudes en mi interior. “Escribir es mi manera de dejarlas salir.”

    Las mujeres también han colaborado con los periodistas que han inundado Bengasi. Ellos se encontraron con una logistica establecida, en cuestiòn de horas fueron acreditados, provistos de un coche
    y un traductor al ingles.

    “Cuando los periodistas comenzaron a llegar nos dimos cuenta que tenía la responsabilidad de cuidar de ellos porque eran clave para decirle al mundo lo que estaba pasando”, dijo Najla El Mangoush, una madre de 35 años de edad, divorciada, que pasò de ser asesora jurídica a trabajar como asistente de medios de comunicación en el Hotel Ouzu, un centro para los rebeldes y los periodistas. Nacida en el Reino Unido, ella y varios colegas se reunieron para formar uno de los tantos comités de voluntarios que existen en Bengasi, está trabajando con los medios de comunicación. Manghoush dice que apenas ha visto a sus dos hijas, Gaida, de diez años y Ragha de cinco, desde el levantamiento. Pero ellas están acostumbradas a eso, añade. Un abogado como Bugaighis antes del levantamiento, trabajaba por la mañana como asesor jurídico en un Centro Mèdico de Bengasi, y por la tarde como profesora de Derecho Penal de la Universidad Garyounis. La pobreza, dice, es una de las razones por las que muchas de las mujeres en Bengasi tienen dos puestos de trabajo, y el porqué tantas se unieron a la sublevación. Ganaba sólo 300LYD un mes en su trabajo regular, y tuvo que tomar un segundo trabajo.

    “Esta es una de las razones por las que Bengasi cayó”, dice Manghoush. “Tanto los hombres como las mujeres, profesionales, educados, estaban siendo humillados. Ahora todos estamos reconstruyendo juntos.”

    Los comentarios y acontecimientos descritos aquí son representativos de la situación en Bengasi antes de que la ONU haya impuesto la zona de exclusión aérea, que comenzó el 19 de marzo. Ellos pueden no reflejar la los cambios en la actual situación. Las mujeres que luchan, la organización, la alimentación y la curación de la revolución Libia

    En una habitación vacia, en el lado pobre del juzgado central de Bengasi, en el centro de operaciones a favorde la democracia de Libia, Salwa Bugaighis habla animadamente, apenas se inmuta cuando los disparos de las multitudes exaltadas resuenan afuera. Ellos, como ella, están en un estado de ánimo que gira entre la celebración y el desafío a la ansiedad. Se inundan la zona del paseo marítimo, que está llena de afiches que muestran caricaturas del líder libio, coronel Muammar Gadafi y puestos de venta de souvenirs de la liberaciòn de la parte oriental del país el 20 de febrero.

    La abogado de 44 años de edad, una mujer elegante vestida con pantalón negro y chaqueta, con los ojos perfectamente delineados con Kohl, estuvo en las escaleras del palacio de justicia, en la primera protesta del 15 de febrero, cuando un grupo de profesionales del derecho y académicos se reunieron para protestar por el arresto de un colega y para exigir reformas legales, incluida una constitución. Ella apenas ha salido del edificio desde entonces. El 17 de febrero la reacción violenta del gobierno había llevado a solicitar un cambio de régimen, y sólo tres dìas más tarde los rebeldes exigìan el control de la ciudad, la segunda más grande después de la capital Trípoli.

    “Hay mucho que hacer”, dice Bugaighis mientras camina por un pasillo lleno de graffiti, su chaqueta flota a sus espaldas. “No teníamos idea de que nos desharíamos de Gadafi en tan sólo unos días y de pronto nos quedamos sin las instituciones Tuvimos que trabajar con rapidez para “organizarnos y formar un gobierno nosotros mismos”

    Ésto para ella significa un trabajo irregular, ejecuta las operaciones de logística y acciones como enlace entre la calle y el Consejo Nacional de Transición, el órgano de gobierno provisional dirigido por el ex ministro de Justicia de Gaddafi, Mustafa Abdel Jalil, que encabeza un número de ayuntamientos de todo el Sureste . Esta mañana ha estado hablando con los jóvenes en la calle, y transmitiendo sus mensajes a los miembros del consejo. Más tarde, se reunirá con el comité militar para discutir cómo prepararse contra un ataque a Bengasi – Las fuerzas del gobierno se dirigieron rápidamente hacia el este, aunque la nueva zona de exclusión aérea impuesta por las Naciones Unidas ha disminuido la amenaza – al mismo tiempo recibie llamadas sobre la llegada de los envíos de alimentos.

    Bugaighis, madre de tres hijos, es sólo una del grupo de mujeres que han estado a la vanguardia de la insurrección de Bengasi. Lejos de las líneas del frente, en el este, donde los hombres están luchando para contener a las fuerzas pro-Gadafi, las mujeres trabajan codo a codo con los hombres para mantener la lucha de los rebeldes, la sociedad y el funcionamiento de la econom.

    Los turnos de trabajo y puestos en los comitès ad hoc se han cubierto por voluntarios con un gran espìritu de colaboraciòn con las intituciones democràticas en ciernes. Algunos, como Bugaighis, son miembros de las instituciones de organización centradas en el palacio de justicia. Ella se une a su hermana Iman Bugaighis, profesora convertido en portavoz de los rebeldes, y por Salwa El Deghali, representante de las mujeres en el consejo. Pero, como fue el caso en Egipto y Túnez, las mujeres participaban en las protestas desde el principio, y las mujeres de Libia a través de todas las clases y niveles de educación están jugando un papel en el suministro de alimentos para mantener los efectivos rebeldes en las calles, independientemente de la resultado de la rebelión.

    El levantamiento del cual Bugaighis forma parte, comenzó con un llamado a las protestas el 17 de febrero, lo que lleva al movimiento prodemocràtico en Libia a ser conocido como el “17 de febrero de los rebeldes”. Sin embargo, dos días antes de este llamado a las protestas, ya estaba motivada tras la detenciòn de Terbil Fathi, un colega abogado, Él representa a los familiares de las víctimas de la matanza de Abu Salim, una tristemente célebre cárcel de Trípoli, donde las organizaciones de derechos humanos dicen que unas 1.200 personas, principalmente los presos políticos, fueron asesinados después de que se sublebaron en 1996 – sin embargo, muchas de las esposas y madres no se atrevieron a hablar de esas muertes hasta el año 2009.

    Esto, dice Bugaighis, fue la gota final. “Durante 42 años no hemos sido capaces de decir lo que queremos”, dice. Pero los pequeños incendios – alimentados por los abogados de Bengasi, muchos de ellos mujeres – se iniciaron mucho antes. En septiembre del año pasado, Bugaighis y otros salieron a las calles a la cabeza de la unión legal.

    Tomamos sillas y mesas en el exterior y celebramos nuestra reunión allí, dice Bugaighis. Todo el mundo en Libia hablaba de ello porque tales acciones son – eran – raro aquí “Ahora los abogados están tratando de dar cierta apariencia de orden en el vacío que se produjo, guiando la formación de una estructura de gobierno. “Estamos prestando nuestros servicios a la población”, dice ella. “No tenemos ninguna experiencia política, pero creo que estamos haciendo un gran trabajo.”

    Liberar a Bengasi no fue una tarea fácil. De acuerdo a la comisión médica de Bengasi, hay por lo menos 228 civiles muertos y 1.932 heridos en la lucha por esta ciudad de un millón de habitantes. Muchos murieron por disparos de francotiradores desde el cuartel Kateeba, la base de uno de los grupos extremos de la seguridad de Gadafi y su aparato militar. Los combatientes rebeldes rápidamente coparon los hopitales de Bengasi cuando se intensificaron los combates.

    La Doctora Jasmine Sherif, de 27 años, dice que ella nunca se imaginó tener que tratar pacientes con lesiones tan graves a un año despuès de haberse graduado en la la Universidad Garyounis en Bengasi. Durante varios días y noches no ha abandonado el Hospital de Bengasi en Hawaree. Trabajando con los voluntarios en las labores de enfermería, cómo cambio de apósitos y reposiciòn de las bolsas de sangre entre las salas.

    Muchas de las enfermeras eran extranjeras y huyeron del país cuandola violencia estalló, provocando una escasez de personal. Hoy Sheriff atiende a Imraja Ibrahim, un joven de 21 años. Él llegó con una bala en la cabeza y otra que le atravesò por la espalda, cortando su médula espinal entre dos vértebras lumbares. Nunca volverá a caminar, dice. Otros han llegado con los miembros mutilados. Teme que algo similar – o peor – le suceda a su hermano, que está luchando, pero dice que le animó a ir.
    Hemos roto la barrera del miedo “, dice ella.” Veo a la gente de mi edad morir cada día. Es tan difícil, pero debemos liberar a Libia libre eso implica un sacrificio. ”

    Està comprometida con un compañero médico,y no tiene idea de cuando se casaràn. Ella decidiò estudiar medicina, buscando el camino hacia una vida mejor.

    “Hay una cierta discriminación contra la mujer en nuestra vida personal, pero en el trabajo somos iguales”, dice. “Esto significa que al menos puedo ayudar y que tenemos suficiente gente para hacer frente a las fuerzas de Qaddafi. Estoy segura de que lo peor está por venir.”

    Miles de mujeres de Libia como Sheriff están en condiciones de ayudar después de haber recibido una buena educación gracias a personas como Mufeeda al Masri, un corpulento y jovial hombre de 50 años de edad. De vuelta en 2008 al Masri decidió que las niñas necesitan más acceso a la educación, y fundó la escuela Al Irtiqua (el “progreso” en árabe) . Hoy esta escuela, situada en un soleado patio central en Bengasi, se ha transformado en una cocina donde se preparan más de 1.000 comidas al día para alimentar a los rebeldes en la primera línea. La clínica de la escuela se ha convertido en una almacen de alimentos, con en sacos de patatas descansado contra la pared, y las aulas se han convertido en improvisados comedores, cuyas mesas son utilizadas como superficies de trabajo. Grandes ollas de metal salpican el suelo mientras los niños corren alrededor de las piernas de las mujeres. Desde su ocupaciòn el 20 de febrero, la escuela ha estado llena todos los días con más de 100 mujeres pelando, picando, cocinando y envasando arroz, pollo y ensalada en recipientes de aluminio. Se envasan hasta 4.000 por día, pasando a lo largo de una cadena humana que se llena y envuelve. Desde las alumnos de la escuela, hasta las viudas de la masacre de Abu Salim, las mujeres trabajan desde la mañana hasta la tarde cuando los camiones llegan para transportar la comida al frente de batalla.

    “El día que vi el derramamiento de sangre en Kateeba decidí que tenía que hacer algo para apoyar a la revolución”, dice al Masri. Su marido era un coronel de la fuerza aérea y desertó, negándose a luchar por Gadafi contra los rebeldes. El apoyo ha sido total, dice: un flujo constante de personas que vienen con los alimentos y las donaciones monetarias. Los hombres de negocio traen fajos de billetes en las manos dice ella, y los niños pequeños ofrecen los restos de sus ahorros. Los preparativos son interrumpidos por llamadas telefónicas. Una mujer recibe una llamada de su hijo en el frente – los rebeldes han logrado hacer retroceder a las fuerzas deGadafii. Las mujeres estallan celebrando la noticia. Pero son conscientes que las victorias pueden ser sólo temporales, aunque la zona de exclusión aérea ya ha renovado sus esperanzas.

    Vamos a hacer esto hasta que morir”, dice Najwa Sahly, una profesora de biología de 51 años de edad, cuyo marido, un profesor de química, fue asesinado en Abu Salim. “He perdido a mi marido, a que otra puedo temer?”

    Otras que tienen hijos y maridos en el frente saben que tienen mucho que perder. Khiria Abdul Salam, de 42 años, pasa la mitad de la jornada de protesta y oración a las afueras de la Corte de Justicia, – ocupada por tantas mujeres como hombres – y la otra mitad, apoyada contra un cojín en su sala de estar pegada al canal de noticias Al Jazeera. En su sencilla casa en el quinto piso de una destartalada zona residencial, a 10 minutos en coche por el paseo marítimo desde el centro de Bengasi, hay una apariencia de normalidad: sus dos hijas juegan mientras ella cocina, los familiares vienen en busca de noticias. Pero ella tiene miedo. Su marido salió el primer día de protesta y ella sabía que iba a unirse a los combatientes. Abdul Salam dice que no ha oído de su marido desde que se fue al frente de batalla hace tres semanas.

    “Trabajó por 20 años para el ejército antes de convertirse en guardia de una empresa. Gana 250LYD (Dh735) al mes y sus dos hijos mayores no tienen trabajo. Por eso se fue”, dice. La pareja se casó bajo la tradición de los matrimonios concertados hace 21 años, norma en la sociedad libia. Tienen tres hijos y dos hijas.

    “Ha sido bueno conmigo, una buena persona”, dice ella, llorando en voz baja. Ella sabe que pronto sus dos hijos mayores – 18 y 19 – se iràn, también. Hasta el momento no se han unido, ya que no tienen experiencia militar. Pero a medida que los rebeldes sufren bajs, ellos iràn, pues cada vez màs se convierten en un grupo variopinto. Los muchachos deben dirigirse a las líneas del frente, dispuestos a aumentar las cifras de combatientes contra Gadafi.

    Frente al palacio de justicia de Bengasi, Abdul Salam se suma como otros muchos. Una pequeña área de la acera está acordonada para las mujeres, con los hombres dando vueltas atrás. En un área cubierta, las mujeres mayores se sientan acurrucadas en mantas, y algunas oran en las mantas con la bandera tricolor- la bandera nacional antes de que Gadafi tomara el poder y que ahora ondea con orgullo desde el este – colocadas en sus cabezas. Las mujeres deambulan frente a la pared de las fotografías de los asesinados en Abu Salim, y los carteles de Mahdi Ziu. Ziu es uno de los héroes de la liberación de Bengahzi. Un padre, que condujo su coche cargado con cilindros de gas hasta las puertas de Kateeba el 20 de febrero, rompiendo la protección de las fuerzas del gobierno “, un momento crucial en la batalla por la ciudad.

    El estado de ánimo cambia casi a diario. Durante las protestas, las mujeres son desafiantes, algunas gritan desde la ventana en el piso superior del palacio de justicia a la gente de abajo. En los días del avance de los rebeldes, se acercaban en pánico a los periodistas, contando historias de su temor que las fuerzas de Gadafi, mataran a los niños si retomaban Bengasi. Las amenazas de estas historias circulan por mensajes de texto – las dos empresas de telefonía móvil son propiedad de la familia Gadafi – reciben las amenazas con el aviso de “Pronto”.

    Alrededor de las multitudes, funcionarios de la seguridad, con chaquetas fluorescentes distribuyen agua y alimentos. Un estudiante de Inglés en la Universidd de Garyounis, ahora es voluntario en las labores de mantener a las mujeres en las calles.

    “Las mujeres quieren que su voz de escuche, tienen un área especial acondicionada para hacer que todas estén lo suficientemente cómodas”, dice. Las protestas han roto barreras de una manera nunca antes vista. Las niñas dicen que se les permite salir hasta tarde y están trabajando junto con los hombres. “Todos tenemos las mismas ideas y somos uno en este momento”, dice el Ramadán. “Creo que esto va a transformar el destino de las mujeres después, cuando Libia sea libre.

    La transformación se ha producido en el hogar también. Suzanne Himmi, de 35 años, dice que ha encontrado su voz y su manera de ayudar a la revolución. Es ama de casa y madre de cinco hijos, salió a protestar en los primeros días porque “mi suegro murió en la cárcel y muchos más de mis familiares han sido víctimas de Gadafi”. Viven cerca de la corte, ella ha sido testigo de todo lo que estaba sucediendo. “Me decidí a escribir y recopilar historias de la gente”, dice. Ahora escribe a diario para el periódico Libia, uno de los nuevos medios de comunicación en Bengasi.

    “Es importante que la gente sepa lo que está pasando para que no tengan miedo”, dice Himmi. Historias de cómo los rebeldes se enfrentan en la primera línea, de cómo los habitantes en Bengasi están reaccionando, escribir es algo natural para ella, dice. “Tenía, como todo el mundo, muchas inquietudes en mi interior. “Escribir es mi manera de dejarlas salir.”

    Las mujeres también han colaborado con los periodistas que han inundado Bengasi. Ellos se encontraron con una logistica establecida, en cuestiòn de horas fueron acreditados, provistos de un coche
    y un traductor al ingles.

    “Cuando los periodistas comenzaron a llegar nos dimos cuenta que tenía la responsabilidad de cuidar de ellos porque eran clave para decirle al mundo lo que estaba pasando”, dijo Najla El Mangoush, una madre de 35 años de edad, divorciada, que pasò de ser asesora jurídica a trabajar como asistente de medios de comunicación en el Hotel Ouzu, un centro para los rebeldes y los periodistas. Nacida en el Reino Unido, ella y varios colegas se reunieron para formar uno de los tantos comités de voluntarios que existen en Bengasi, está trabajando con los medios de comunicación. Manghoush dice que apenas ha visto a sus dos hijas, Gaida, de diez años y Ragha de cinco, desde el levantamiento. Pero ellas están acostumbradas a eso, añade. Un abogado como Bugaighis antes del levantamiento, trabajaba por la mañana como asesor jurídico en un Centro Mèdico de Bengasi, y por la tarde como profesora de Derecho Penal de la Universidad Garyounis. La pobreza, dice, es una de las razones por las que muchas de las mujeres en Bengasi tienen dos puestos de trabajo, y el porqué tantas se unieron a la sublevación. Ganaba sólo 300LYD un mes en su trabajo regular, y tuvo que tomar un segundo trabajo.

    “Esta es una de las razones por las que Bengasi cayó”, dice Manghoush. “Tanto los hombres como las mujeres, profesionales, educados, estaban siendo humillados. Ahora todos estamos reconstruyendo juntos.”

    Los comentarios y acontecimientos descritos aquí son representativos de la situación en Bengasi antes de que la ONU haya impuesto la zona de exclusión aérea, que comenzó el 19 de marzo. Ellos pueden no reflejar la los cambios en la actual situación.

    Por Sarah Birke
    The National

    Traducción: @Arivene

    Goran Tomasevic, la foto de las 100 portadas


  • Goran Tomasevic, la foto de las 100 portadas
  • Jefe del fotógrafo dice cómo esta imagen de Goran Tomasevic apareció el lunes en las primeras planas de todo el mundo.

    Goran Tomasevic - Esta es la foto famosa - Reuters

    Goran, como siempre, fue hasta la primera luz y en el camino hacia el sur de Bengasi después de la primera noche de bombardeos occidentales. El equipo de Reuters multimediase encontró con un caravana de tropas leales al líder libio Muammar Gaddafi, que había sido atacado.

    Goran cuidadosamente tomó una posición cerca de los vehículos ardiendo cuando municiones explotó y así fue capaz de capturar una amplia selección de imágenes espectaculares y emblemáticos. Esta cobertura fue el clímax de la presentación de informes pendientes de Goran primera línea del avance de los rebeldes, la retirada y la intervención occidental.

    La foto de las 100 Portadas - Goran Tomasevic

    Sus imágenes han sido vistas en un increíble número de portadas de periódicos en línea y en todo el mundo, con este momento decisivo publicado ampliamente como otro histórico de la fotografía de Reuters de guerra, una fotografía de 2003 de un soldado de EE.UU. junto a la estatua del derrocado Saddam Hussein – una imagen también se disparó por Goran Tomasevic.

    Las dos posturas de Rusia en relación al asunto en Libia


  • Las dos posturas de Rusia en relación al asunto en Libia
  • La campaña de Libia sacó a la superficie circunstancias sorprendentes. Por primera vez, dentro del tándem de los líderes rusos surgió un desacuerdo profundo. El Presidente, Dmitri Medvédev, y el primer ministro, Vladímir Putin, adoptaron posturas diferentes. Este deslinde ideológico pone en evidencia la ambigüedad de la identidad de la política exterior rusa.

    Rusia y Libia

    Cuando se trata de asuntos de guerra y paz, las potencias que aspiran al liderazgo en el escenario mundial, tienen que asumir una posición clara, a favor o en contra. Por eso el hecho de que Moscú se abstuviera de votar en el Consejo de Seguridad fue un acontecimiento inesperado.
    Y es que la abstención contradice el principio defendido por Rusia en ocasiones anteriores, el de oponerse a la intervención externa en asuntos internos.

    Sólo una vez Rusia autorizó una operación militar contra un estado independiente. Pero fue hace 20 años y se trataba de castigar a un agresor, a Iraq que había ocupado a Kuwait. Tanto en el caso de Yugoslavia como en el de la guerra de Iraq de 2003, Rusia estuvo en contra de intervención militar. Hasta en plena crisis en Zimbabue en 2008, a pesar de la firma postura de EEUU y Gran Bretaña, Rusia impuso su veto sobre la resolución del Consejo de Seguridad sobre las sanciones contra el régimen del dictador Robert Mugabe. Y eso, sin tener Rusia ningún interés allí, es decir, guiándose exclusivamente por principios políticos.

    En aquel entonces también se habló mucho de que la posición de Rusia fue un fruto de desacuerdo entre Vladímir Putin y Dmitri Medvédev. En vísperas de la votación de la ONU Medvédev, quien acababa de asumir la presidencia, apoyó en la reunión del G8 ( Grupo de los 8 ) la declaración crítica contra Robert Mugabe. Pero después la posición de Kremlin de repente cambió, y muchos lo atribuyeron a la influencia de Putin en Medvédev. Sin embargo, no es cierto. En la reunión del G-8 se trató sólo de una reprobación política de Harare, mientras que en el Consejo de Seguridad de la ONU EEUU y Gran Bretaña propusieron imponer unas sanciones estrictas, sin acordarlo con Rusia.

    Pero repito, Rusia tomó su decisión partiendo de principios políticos, sin tener ningunos intereses en Zimbabue. Esta vez Kremlin optó por la neutralidad, aunque el caso era mucho más crucial. Se entiende, que la campaña militar tiene como su fin el de derrocar a Gadafi. Es la única opción, ya que, si Muamar el Gadafi permanece al poder, se convertirá en el símbolo de la derrota moral y política del occidente y de sus aliados en la región. La retirada es imposible tanto para la coalición, como para Gadafi, quien, recordando el ejemplo de Saddam Hussein, tiene una idea muy clara de lo que le espera en el caso de la derrota.

    Rusia escogió una postura pragmática. No es nada razonable oponerse a una acción militar aprobada, aunque por motivos diferentes, por los países más importantes de la región (incluido Líbano, controlado por Irán). Gadafi para Moscú no es más que un socio. Además, sus relaciones comerciales y de corrupción del coronel con Europa, que ahora se muestra como las más atrevidas, son mucho más estrechas. No vale la pena exponer al riesgo la dinámica positiva de las relaciones con EEUU y Unión Europea (UE) por Trípoli, Rusia tiene muchos más asuntos de importancia. Hablar de contratos perdidos en Libia tampoco tiene sentido, porque la situación actual impide hacer negocios tanto en el país, como en la región del Oriente Próximo. Ni se puede prever todavía cuál será la perspectiva de los negocios con Libia en los próximos dos años.

    Desde el punto de vista geopolítico, la “Odisea del Amanecer” sirve a EEUU para detener la erosión de su influencia en el Oriente Próximo, y a Europa, para prevenir la pérdida definitiva de su papel internacional. Si logran deshacerse de Gadafi rápido, estos objetivos serán alcanzados, por lo menos durante un periodo determinado. Pero si la operación se dilata y requiere más que bombardeos, lo que parece muy probable, el efecto puede ser inverso: significará la pérdida de influencia occidental en la región. Eso hace muy vulnerable la posición de los estados árabes que apoyaron la intervención militar. Por un lado, esto les permitió distraer la atención de sus pueblos de los problemas internos, pero por el otro lado, puede causar la radicalización de la población y dar pretexto para acusar a los líderes de estos países de traicionar los intereses árabes y de colaboracionismo. Puede ocurrir cualquier cosa. Pero parece, que los iniciadores de la guerra no tienen ni menor idea de cuál guión será el más probable.

    Sin embargo, la abstención de Rusia tiene una razón mucho más profunda que el deseo de ver las tendencias del proceso. Tras la caída de la URSS, Moscú durante cierto periodo de tiempo intentó mantener o, por lo menos, imitar el estatus de una superpotencia, que tiene que tomar parte de cualquier decisión. Para los finales de los 2000 la identidad de Rusia cambió: de una potencia, semejante a la Unión Soviética, a un estado grande e importante, pero a nivel regional, cuyos intereses vitales tiene fronteras geográficas. Esto es lo que quiso decir Dmitri Medvédev, hablando del área de intereses privilegiados. Para proteger sus intereses regionales, Rusia sí puede utilizar la fuerza, como los hizo en el caso de Osetia del Sur. Otros asuntos, pueden ser objeto de regateo o de abstención.

    Las declaraciones desafiantes de Vladímir Putin manifiestan un enfoque diferente, global y universal. El primer ministro criticó la resolución y calificó la acción contra Libia como “una cruzada medieval”, indicando, que el militarismo estadounidense se convierte en una tendencia estable. Es decir, el gobierno de Rusia insiste en el principio de soberanía e inviolabilidad del territorio e indica a la necesidad de luchar contra la hegemonía internacional (de EEUU, aunque esta vez la acción bélica fue propuesta por otro estado). Eso significa que los intereses de Rusia como de una superpotencia no se limitan con el marco regional y, por lo tanto, el país no tiene derecho a abstenerse en la votación de decisiones de importancia.

    Las dos interpretaciones son viables, pero hay que escoger una y atenerse a ella. Declarando las dos a la vez, los líderes ponen a su país en una situación ambigua, mostrando que no existe entendimiento y política concordada dentro de la cúpula dirigente de Rusia. Y esto, si tomamos en cuenta el caos que vemos acrecentando por todo el mundo, es preocupante.

    Columna semanal por Fiodor Lukiánov – RIA Novosti