Todos hemos tenido siete años (confío en que no se le permita acceder al blog a niños de seis o menores), pero pocos han tenido a su alcance un coche automático. Y de esos pocos, una minoría se ha planteado montarse y conducir hasta un sitio cualquiera (ya sea La almeja borracha, La teta enroscada o el bar de Moe). Pues bien, dentro de los pocos poquísimos que piensan en eso… tenemos uno que dijo: “¿Por qué no?” y condujo durante 30 kilómetros.
Se trata de un niño estadounidense de 7 años que cogió el coche de su padrastro (un Pontiac Sunfire rojo, por si a alguien le interesa) y condujo durante algo más de 30 kilómetros alcanzando velocidades de hasta 80 kilómetros por hora rumbo a casa de su padre.
Esto pasó en Michigan, porque si pasa en España ya imagináis lo que habría ocurrido. Primero: habría salido en Callejeros. Segundo: un conductor se habría cruzado con él y, en lugar de avisar a la Policía, diría a su copiloto: “¿Ves? Si es que la Policía no está nunca donde tiene que estar. El otro día me salté un Stop y me multaron. Ahora va un niño de siete años conduciendo y nadie le dice nada”.
No desesperéis… sí le dijo la Policía, sí, pero primero tuvo que alcanzarlo. Nuestro pequeño protagonista conducía en pijama y descalzo, pero le pisaba al acelerador (¡cuánto daño han hecho los simuladores!).
Cuando los agentes consiguieron que detuviera el vehículo (y no fue fácil), encontraron al pequeñajo llorando y diciendo que quería visitar a su padre. Según la prensa norteamericana, la madre de la criatura había tenido turno de noche y le dijo al niño que la despertara a las 10 de la mañana, justo cuando el muchacho cogió el coche. Vamos, como para pedirle un favor.
Dice el jefe de la Policía que nunca había visto conducir a un niño de siete años y que se alegra de que nadie saliera herido porque, al fin y al cabo, conducir conduciría pero tanto caso a las señales como un perro a los colores… ninguno, vamos.
Y ahora… una simulación: así pasó, en dibujos animados (esta semana, si saco tiempo, os hablo de estos genios que conocí gracias al crack de Hernán Zin).
PD: Esto supera con creces a mi mayor trastada, que fue tirar los juguetes por el balcón porque había un perro ladrando. ¿Cuál ha sido vuestra mayor travesura?
