¿Pero había una dictadura en Túnez?



¿Pero había una dictadura en Túnez?

El ciudadano medio europeo nunca había oído ninguna queja del presidente tunecino, los medios no denunciaban que aquello fuera una dictadura, los parlamentos no aprobaban resoluciones de condena contra aquel gobierno, no se escuchaban acusaciones contra la falta de libertad de expresión en ese país. Incluso la ONU celebró una cumbre sobre el derecho a al información en su capital, en la capital de un país donde no se puede acceder a youtube, pero nadie nos lo había contado.

Las dictaduras siempre están en Cuba, Venezuela o Bielorrusia, en países donde las elecciones las gana la izquierda. No importa que haya observadores internacionales o no. Los países sumisos a los gobiernos occidentales y las instituciones económicas internacionales nunca son acusados de dictaduras, aunque su presidente lleve décadas en el poder mediante elecciones donde los partidos de la oposición pueden existir siempre que pidan el voto para el presidente. Pueden reprimir violentamente manifestaciones, prohibir sindicatos y periódicos, que nunca será noticia en nuestros medios de comunicación. Todo eso era Túnez con el gobierno de Ben Alí.

Los diarios, incluso cuando un clamor ciudadano se levanta indignado contra el dictador, no lo califican de “dictador” como siempre hacen con los gobernantes de los citados países de izquierda. Para El País (14-1-2011), Ben Alí es “presidente”, “mandatario”, o se refiere a él como “el que es presidente del país desde hace 23 años”. El día anterior, la agencia Efe y el diario Público seguía dirigiéndose a Ben Alí como presidente, nunca como dictador.

En cuanto a los políticos europeos, es importante saber que el partido de Ben Alí, la Asamblea Constitucional Democrática (conocida por sus siglas en francés RCD, Rassemblement Constitutionnel Démocratique), pertenece a la Internacional Socialista, es decir, el club de los partidos socialdemócratas donde también se encuentran el PSOE, el Partido Laborista británico, el Partido Socialista Frances, o el Partido Nacional Democrático de otro dictador amigo, el egipcio Hosni Mubarak.

El 14 de enero, antes de la caída del gobierno, el diario El País reproducía una noticia de apoyo titulada: “La UE celebra la decisión de Ben Alí”. Decía el texto que “la diplomacia de la UEha celebrado hoy el anuncio de Ben Ali de no presentarse a una quinta reelección a la presidencia de Túnez en 2014”.

Curiosa reacción la de los gobernantes europeos. Si Ben Alí no es un dictador y sus elecciones son limpias, ¿por que no se puede volver a presentar a las elecciones? Y si es un dictador que se ha mantenido en el poder mediante fraudes electorales, ¿por qué lo aceptan en la Internacional Socialista? ¿por qué deben esperar los tunecinos tres años más para quitarse la dictadura de encima e iniciar una democracia? No será que la UE, como con tantos dictadores amigos, los da por amortizados cuando la paciencia de los ciudadanos que los sufren llega a su límite, los muertos se amontonan por decenas y entonces se hace necesario desmarcarse, dejarlos caer y pensar en un sustituto que parezca diferente pero que todo siga igual.

Después están las instituciones financieras internacionales. Esas sí que están contentas con los dictadores aunque su pueblo se esté muriendo de hambre y saliendo a las calles por las subidas de los precios de alimentos y servicios básicos. Así comienza el último informe sobre Túnez del Banco Mundial:

Dada la persistencia de las altas tasas de desempleo, sobre todo entre los profesionales universitarios, Túnez mejoró su competitividad general y aceleró el crecimiento económico con la ayuda de una serie de préstamos para políticas de desarrollo del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF). Desde fines de los noventa, el país se convirtió en una de las economías más competitivas e importantes de África. Entre 1996 y 2007, duplicó sus exportaciones de bienes y servicios.

En el medio siglo transcurrido desde la independencia, el país ha conseguido grandes avances económicos y sociales, entre ellos la cuadruplicación del producto interno bruto (PIB) per cápita y el aumento de la esperanza de vida hasta niveles cercanos a los del mundo desarrollado.

El buen desempeño económico se debe, en parte, a la creación –en 1971– de un sistema abierto al exterior para reducir el sesgo antiexportador inherente a la estricta política de substitución de las importaciones de los años sesenta. El país atrajo inversión extranjera directa (IED), se incorporó en las cadenas manufactureras mundiales y creó empleos en la industria del vestuario y en otros sectores fabriles.

La conclusión es evidente. Las dictaduras amigas no tienen ninguna dificultad en ser aceptadas por nuestros medios de comunicación, nuestros líderes e instituciones políticas europeas y, por supuesto, las instituciones financieras internacionales. Cuando escuchemos sus denuncias o halagos a otros gobernantes, no olvidemos la tabla de medir que usan y que han usado para el dictador tunecino.

Por: Pascual Serrano www.pascualserrano.net

Anonymous, los Robin Hood del siglo XXI atacan de nuevo




Anonymous, los Robin Hood del siglo XXI atacan de nuevo

El ataque a varias páginas ‘web’ como la del Senado y la del Partido Popular ha sido el último acto llevado a cabo por Anonymous, el grupo sin rostro que quiere instaurar la justicia en Internet. El 20 de diciembre, en la primera fase de la ‘Operación Sinde’ consiguieron atacar las webs de PSOE, CIU y el Congreso de los Diputados.

En esta última ocasión los ‘hackers’ de Anonymous han empleado los nuevos canales IRC y Twitter para protestar en contra de la ‘Ley Sinde’, que amenaza a uno de sus principios, el de la libertad de expresión, que también han defendido recientemente con otra de sus operaciones: ‘Tunisia’ que, tras las revueltas producidas en Túnez, colapsó las redes del régimen dictatorial.

“Somos una legión, no perdonamos, no olvidamos, espéranos. Anonymous“, es el mensaje con el que este grupo, sin líderes ni portavoces, cierra sus comunicados. Sin embargo, los nuevos justicieros de la Red no tienen un rostro completamente desconocido ya que ha tomado la máscara de V de Vendetta, el anarquista revolucionario protagonista de la novela gráfica de Alan Moore.


Anonymous, movimiento que ha encontrado su motor en WikiLeaks y la actividad de Julian Assange, es un reflejo de la nueva sociedad que está naciendo con la revolución digital. Sus miembros consideran más que superada la dicotomía izquierda-derecha, ya que todos los gobiernos se encuentran bajo el servicio de los grandes bancos y empresas.

Contra este poder establecido se encuentra el ejército de jóvenes que conforman Anonymous, cuyo principal principio es la transparencia. Este movimiento global, transnacional y trasversal tiene como mayor particularidad su nacimiento, producido en la red de forma orgánica e interactiva.

Aunque la cabeza visible de Anonymous son los ‘hackers’, éstos suponen una gran minoría dentro del colectivo. La mayoría son ciberactivistas que participan en las conversaciones ‘online’ y acuden a las protestas en la calle. En esta organización no hay líderes, sólo personas independientes que se ponen de acuerdo sobre la marcha para acciones concretas.

La ausencia de líderes y de una organización interna es lo que imposibilita, según sus miembros, una desintegración de Anonymous, como ya intentó el FBI a raíz de los ataques de la organización a Mastercard y PayPal.

La lucha contra la corrupción en gobiernos o en cualquier estructura de poder y la defensa incondicional de la libertad son las bases de Anonymous que, desde que iniciase su actividad en 2008 contra las sectarias actitudes de la Iglesia de la Cienciología, no ha abandonado la máscara en su particular lucha.

Paypal, Visa, Mastercard, Amazon, PostFinance, la ‘web’ de la fiscalía sueca, la del partido irlandés Fine Gael, las del régimen tunecino. No hay fronteras para Anonymous porque su lucha no conoce de geografía. Cualquier ataque a los derechos humanos, cualquier intento de censura, se produzca donde se produzca, será castigado por ellos con las armas que tienen a su alcance. “Si hubiera una revolución, Internet nos proporcionaría la tecnología”, sentencian.