Emerge un nuevo Poder: Anonymous



Emerge un nuevo Poder: Anonymous

Los guerreros del teclado están cuestionando el derecho de propiedad intelectual, pero, además, hacen que asistamos a un nuevo replanteamiento de derechos fundamentales, como la libertad de expresión o el derecho a la información

Los recientes acontecimientos que han llenado las páginas de los periódicos (me refiero a las filtraciones de Wikileaks, junto con los ataques del colectivo de ‘hackers’ Anonymous a Visa, Mastercard, Amazon y Paypal, o el colapso que han sufrido las páginas web de algunos partidos políticos, como protesta contra la ‘Ley Sinde’) me llevan a pensar que estamos asistiendo a un cambio de paradigma: el mundo-Red, un dispositivo que conecta el espacio y el tiempo, que vigila y analiza lo que ocurre en el planeta y que ha conseguido globalizarlo a la medida de sus intereses.


Internet permite una comunicación directa con cualquier parte del planeta y, por consiguiente, podremos prescindir de cualquier tipo de intermediario para dar a conocer nuestros textos, nuestras creaciones, nuestra música o cualquier información confidencial que circule por los cables, prescindiendo de editores, distribuidores y demás.
Se está creando un nuevo poder menos visible pero más inestable.

Estamos asistiendo a un cambio que se pronostica importante, porque todavía no hay ley que regule el ciberespacio. Las viejas leyes que se hicieron en otro marco socio-político, el de los Estados-nación, ya no sirven. Las formas sociales de la democracia, el Estado, el saber, el trabajo, la economía, etcétera, tendremos que reinventarlas.

Junto a la sustitución de los símbolos y los conceptos que nos eran conocidos, cambiarán también los criterios de verdad, y los valores en los que nos movíamos se desvanecen. El mundo de la cibernética es policéntrico, caleidoscópico, y los flujos económicos se convierten en planetarios, lo que dará pie a conflictos donde no se prevé, de momento, ninguna solución global.

Los Estados fuertes, que nacen en el siglo XIX y que Hegel pensaba que eran la realización del Espíritu Objetivo, cuyo fin era armonizar los intereses particulares con el interés común, hoy hacen aguas. Porque hablar de Estado es hablar de territorio y el ciberespacio desterritorializa.

Toda la información que se pueda traducir a un lenguaje binario -sean documentos secretos, flujos económicos, archivos musicales, películas, etcétera- pueden ir de un sitio a otro del planeta, de forma instantánea e invisible, sin ser filtrados por ninguna frontera. Lo cual delimita el poder del Estado, porque pierde el control que antes tenía. Las legislaciones nacionales emitidas por los Estados sólo se pueden aplicar en el interior de las fronteras; por consiguiente, cualquier servidor que este situado ‘fuera’ de la frontera de un Estado, no se le puede aplicar la legislación nacional, y como los usuarios de intenet pueden conectarse a cualquier servidor del mundo, las leyes que conciernen a la información y a la comunicación son inaplicables.

Todo esto revela la aparición de un nuevo poder global: los ‘hackers’, que, cuando se convierten en activistas políticos, pueden poner en jaque a los poderes políticos. Porque un ‘hacker’ cualquiera puede captar la información más sensible y secreta del país más poderoso del mundo. La criptología, que es la ciencia matemática del cifrado y descifrado de mensajes, es muy importante para las comunicaciones secretas de los Estados, pero, como estamos viendo, no pueden escapar al control de algún ‘hacker’.

Los guerreros del teclado están cuestionando el derecho de propiedad intelectual, pero, además, hacen que asistamos a un nuevo replanteamiento de derechos fundamentales, como la libertad de expresión o el derecho a la información.

¿Podemos poner límites a esa libertad de acción que estamos viendo? Lo veo difícil.

Los intentos que se están haciendo parecen poco morales y se pueden argumentar con mucha dificultad. La intervención que están intentando las autoridades públicas tiene que ser nueva. No es válido, por inoperante, extrapolar las leyes que servían para los medios de comunicación anteriores (prensa, radio y televisión).

Wikileaks ha demostrado que internet puede ser una nueva herramienta para el periodismo independiente, poblado de fuentes autónomas de información y muy significativo para que los ciudadanos conozcamos los secretos de un mundo putrefacto y podamos conocer los entresijos de un poder que no se avergüenza de las atrocidades que comete, aunque sí se escandaliza de que sus fechorías sean conocidas por quienes los votamos.

La democracia formal es importante pero debe ir acompañada de prácticas democráticas. Señalaba Victoria Camps, en un artículo titulado ‘El ejercicio cívico de la libertad de expresión’, que «la democracia es, por encima de todo, una forma de vida. Un sistema de libre expresión que funcione cívicamente es posible que acabe estimulando la virtud pública.

La comunicación tendrá que formar parte de la lista de derechos fundamentales porque es un bien público al servicio del interés público y no sólo del interés comercial».

Me parece necesario echar un ‘cable’ al ‘hacker’ Julian Assange, que los tiene bien puestos, para hacer lo que ha hecho y por el que me imagino nadie dará un euro por su vida.

Sin embargo, personas como él hacen que podamos conocer mejor una realidad donde existe el fraude, el engaño, la censura y la falta de una auténtica información independiente. Nuestra libertad siempre ha consistido en limitar los poderes y una manera de hacerlo es conseguir acceder a informaciones que tienen un interés público y que permiten que no se silencien los hechos -en los que se ha fundado siempre la dominación- para que podamos eliminar el miedo a una realidad desconocida.

Pero no todo son elogios, la emergencia de este nuevo poder puede ser una amenaza para nuestra seguridad. Si algún esquizofrénico ‘hacker’, que conozca las debilidades del ‘software’ de armas nucleares, centrales de distribución de energía y otras cosas que funcionan mediante computadore le da por el ciberterrorismo, entonces la nueva tecnología se volverá contra nosotros. Por eso, también es muy peligroso que ciertos dominios escapen a la influencia y al control del Estado.

Por: Jose Carlos Rivera Fernandez
Profesor de Filosofía

Anonymous ataca la web del partido Fine Gael.



Anonymous ataca la web del partido Fine Gael.

La guerra cibernética sigue dando que hablar en toda Europa. El fenómeno WikiLeaks, que tuvo en Anonymous a su aliado principal en la lucha contra las autoridades de diferentes países, sigue su guerra particular a través de la red de redes.

Si hace poco menos de un mes Anonymous atacaba varias webs relacionadas con partidos políticos en España e instituciones del país; hoy ha sido el turno del ataque al partido de la oposición de Irlanda, Fine Gael. Dicho partido ha comunicado hoy desde su página web que ha sufrido un ataque que ha comprometido los datos privados de miles de personas.

Es por esta razón que el FBI se ha puesto manos a la obra que tiene en el grupo de ciberactivistas de Anonymous al principal sospechoso, después de que una compañía americana afectada por el ataque avisará al FBI.

Fine Gael es un partido político irlandés definido como demócrata-cristiano y es el más importante de la oposición en Irlanda. Desde el partido se ha emitido un comunicado en el que aseguran que su página web ha sufrido un ataque dirigido por Anonymous. En el ataque Fine Gael confirma que los datos de más de 2.000 usuarios han estado expuestos. Tras las acciones de los hackers, en el sitio web se podía ver una fotografía con el logotipo de Anonymous según el diario The Guardian.

Ha sido la empresa americana Election Mall, quien ha detectado la vulneración de las defensas de la web, la que ha avisado inmediatamente del suceso al FBI, quien ha iniciado las investigaciones respecto a este hecho.

El grupo ciberactivista de Anonymous ya ha protagonizado otros ataques en meses anteriores, sobre todo en defensa de WikiLeaks. Sus acciones están llamando la atención de las autoridades y Estados Unidos se ha tomado especialmente en serio el trabajo de detención y previsión de nuevas actividades.

Cabe recordar que Anonymous fue el principal precursos de los ataques DDOS a las páginas web de los partidos políticos españoles del PSOE, PP, PNV, CiU y de las webs del Congreso y de la SGAE el día que ‘se iba ha aprobar’ la ‘Ley Sinde’,(finalmente no se aprobó) en el Congreso de los Diputados.

El Referente

¡Hemos ganado esta batalla! ¡La guerra continúa!.



¡Hemos ganado esta batalla! ¡La guerra continúa!.


“¡Adelante! ¡Vamos por paypal!”-, -“¡Fuego, fuego, fuego!”-, -“¡Puerto 443, ¡pásalo!”- -“¡Somos muchos podemos con ellos!”-.

Este diálogo no se produce en una trinchera, sino en un chat. Pero es un ataque en toda regla. Bajo los nombres Freedom, EatTheRich, Paranoia y similares, un grupo de “hackers” bombardeó con datos a la compañía de servicios de pago “on-line” Paypal.

El Gobierno americano ha vuelto a fallar en su objetivo de callar Anonymous . Más allá, en una página de Twitter se lee: Estamos preparando otra operación, ¡únete!. O ¡Hemos ganado esta batalla! ¡La guerra continúa!.

Se percibe la euforia en un lenguaje donde abundan los términos militares, pero también alusiones más bucólicas: «Esto es un asunto de caballeros y villanos -dice otro usuario-, y nosotros no somos los villanos». Frases como éstas se multiplican en foros como Twitter, redes sociales como Facebook o salas de chat. Y las batallas emprendidas se dirigen contra empresas como Visa, Mastercard o PayPal. ¿Por qué se han convertido en objetivo? Porque anunciaron públicamente que cerrarían el grifo de donaciones que, a través de sus páginas, iban a parar a las cuentas bancarias de Wikileaks.

Un ejército de “soldados” anónimos decidió “tumbar” sus páginas web mediante los llamados “ataques de denegación de servicio” (DDOS, en sus siglas inglesas). Consisten, grosso modo, en hacer que miles de ordenadores entren a la vez en un sitio web, saturándolo y dejando la página inservible durante el tiempo que dure el ataque. Simple, pero extremadamente efectivo.

¿Quién está detrás de estos ataques? ¿Qué quieren y por qué están tan enfadados? El colectivo que ha dirigido este ataque de apoyo a Wikileaks se llama Anonymous. Tienen su propio grito de guerra: «Somos una legión. No perdonamos. No olvidamos».

Un lema que se reproduce en los comunicados más o menos oficiales que transmiten a través de blogs creados ad hoc para explicar en la blogosfera qué buscan con sus acciones de guerrilla cibernética. No hay, con todo, nada parecido a una estructura centralizada ni una jerarquía. «Parece un grupo organizado, pero nada más lejos de la realidad.

Es, simplemente, quien esté conectado en ese momento a los foros. Ellos deciden en cada momento qué hacer. Ésta es su fuerza, pero también su debilidad», explica Luis Corrons, el director técnico de PandaLabs, el laboratorio de software de la firma de seguridad española. «Se les puede ir fácilmente de las manos», concluye. Él y dos compañeros más de la firma han monitorizado los movimientos del grupo desde hace varios meses: Luis, desde Bilbao; otro, desde Estados Unidos; y un tercero, desde Bélgica.
Así han seguido sus pasos durante prácticamente 24 horas al día. Conocen los entresijos de Anonymous como pocos.

«Han visto que la protesta se puede hacer desde casa y es muy efectiva. No hace falta salir a la calle con una pancarta.» Su gran arma es el llamado LOIC , una aplicación especialmente desarrollada para lanzar los ataques de denegación de servicio a las páginas web que se decida en cada momento.

Cuando en septiembre de este año Anonymous puso en marcha la llamada operación PayBack, dirigida a los grupos y entidades que luchan contra la piratería en el mundo (incluye a las grandes productoras, pero también a entidades de gestión de derechos como la SGAE), miles de usuarios se descargaron el programa. Se añadió una mejora, el denominado “modo Hive Mind”, que permite que el ordenador donde esté instalado el programa pueda ser manejado de manera remota. Así se incrementa el control sobre los ataques. Y cuando la operación PayBack se transformó en operación Vengar a Assange, el mecanismo estaba ya listo para ser puesto en marcha.

En Internet abundan las instrucciones para descargarse el programa y ponerlo en funcionamiento es sencillo, muy sencillo. Según una de estas explicaciones bastan siete pasos para instalarlo y comenzar el ataque. Y aún nos sobra uno, pues el último dice así: «Siéntate y disfruta del espectáculo». De esta manera, cualquiera puede ser parte de Anonymous. Y muchos miles de personas “anónimas” se lo han descargado ya. «Nos llamó la atención que consiguieran atraer a tanta gente en todo el mundo. En los ataques a las agencias antipiratería, había ya mucha gente involucrada. Pero el número se multiplicó en dos o tres días cuando surgió lo de Wikileaks», explica Corrons.

Pese a que es ahora cuando saltan a la palestra, Anonymous no surge a raíz del cablegate. Su primera gran acción tiene lugar en enero de 2008, cuando se producen una serie de protestas y ataques cibernéticos a webs relacionadas con la iglesia de la Cienciología.

A raíz de un polémico vídeo de Tom Cruise, una serie de usuarios de salas de chat comienza espontáneamente a organizar sus críticas. El foro 4chan.org se convierte en un improvisado cuartel general. Este alocado espacio cibernauta cuenta con seis millones de usuarios que se reúnen en sus salas para hablar de juegos, pornografía o programas de televisión. Anonymous es el nombre que en esta web recibe quien postea sus mensajes sin especificar su nombre o un nick. Hoy se ha quedado como sobrenombre de este peculiar y cambiante grupo.

En la sala de chat han creado un lenguaje propio, incomprensible para los no iniciados, y se han dotado de una capacidad organizativa capaz de inundar YouTube de vídeos pornográficos o de hacer que, muy a su pesar, la revista Time elija a su fundador -un enigmático Moot de quien, por no saber, no se sabe ni siquiera si existe o es una creación más del foro- como “hombre del año”. En las salas de 4chan.org se pusieron de acuerdo para enviar 16 millones de votos a la revista, que hicieron que el desconocido fundador del foro se impusiera a nombres como Barack Obama o Vladimir Putin.

Pero fue la batalla a favor del intercambio de archivos on-line la que creó una verdadera masa a nivel mundial. El grupo se unió para atacar a los que, a su vez, trataban de luchar contra la piratería on-line: es la operación PayBack que pronto dará paso a la operación Vengar a Assange.

Los rumores corren rápido en Internet. Y el objetivo puede cambiar en cuestión de horas, de minutos. Si aparecen unas declaraciones de Sarah Palin pidiendo que se dé caza a Assange con el mismo empeño que se pondría en capturar al último gran jefe de Al Qaeda, rápidamente su nombre comienza a pulular por los foros: «¡A por ella!». Si Amazon elimina la página de Wikileaks, que se había alojado en sus servidores tras el cierre de su sitio inicial, se pone en el punto de mira.

No pudieron con Amazon, pues se calcula que habrían hecho falta entre 30.000 y 40.000 ordenadores para derribar sus servidores. Contra las páginas de la Fiscalía sueca, que lanzó la orden de busca y captura contra Assange, bastaron unos pocos cientos; 4.000 pusieron a Visa o Mastercard en apuros. En Panda afirman que un ciberdelincuente que simpatizaba con la causa escribió en un foro que tenía 30.000 ordenadores infectados con un bot que le permitía tener acceso a ellos… y los ponía a disposición de los ataques de Anonymous. ¿Fanfarronada o realidad? El caso es que hay miedo. Un ataque a Amazon en plena temporada navideña podría haberles hecho perder millones de dólares.

Los ataques se multiplican, Anonymous se divide y la descoordinación crece. Incluso se han detectado pequeños grupos que actúan por su cuenta, como una pequeña banda de seguidores que decidieron atacar las páginas del Gobierno venezolano después de que Chávez anunciara su intención de poner coto a ciertas libertades en Internet.

Además, los propios sitios de Anonymous han sufrido sus ataques. No se trata sólo de que Facebook anuncie que cerrará su página inútil, dos minutos después hay otra por violar sus términos de uso. Hay también hackers contra estos hackers. Uno, que actúa bajo el apodo de Jester, se convirtió en objetivo de la furia anónima. The Jester es también un hacke, pero él ha alzado la voz contra Wikileaks.

Inmediatamente su nombre comenzó a circular en los foros donde se reúnen los de Anonymous: «Tenemos que averiguar su nombre, su dirección, todo», escribía un usuario llamado CrazyKlompjes. Lo consiguieron: ha trascendido su nombre y su dirección en Montana.

Es un antiguo militar norteamericano y aseguraba que ha creado su propia herramienta para realizar ataques de denegación de servicio. En el punto de mira de The Jester se encuentran Wikileaks, Anonymous o páginas yihadistas. Al mismo tiempo, él se convierte en objetivo. Es toda una declaración de guerra con amenazas nada veladas en uno y otro bando. Todos contra todos. Hackers contra hackers. Hackers contra empresas, y viceversa: en Anonymous aseguran que las productoras cinematográficas contrataron a una empresa india para que realizara ataques a páginas de intercambio de archivos P2P. Los gobiernos y los servicios de espionaje tampoco quedan fuera de la ecuación. ¿Ha llegado la ciberguerra?

Tomado de XLSemanal