
El chisme nace con la comunicación humana a través de la tradición oral antes de la escritura. Las personas necesitaban contar lo que acontecía, las experiencias y los pensamientos. Pero, como se ha demostrado en las investigaciones sobre las comunicaciones orales, cuando una persona le narra a otra lo escuchado, y esta a su vez a otra, y así sucesivamente, la historia original cambia y el agregado idealista de cada quien, más la subjetividad de cada punto de vista van deformando la realidad y convirtiéndola en leyenda.
Al final la verdad y la historia se reducen a su mínima expresión y la fábula y el cuento ocupan un enorme espacio.
En el caso del chisme, la historia o el cuento que queda de ella, la distorsión se hacía por razones perver sas, sean de poder o de adquisición de riquezas. Así, quien contaba “la historia” la amoldaba a su parecer o en defensa de sus intereses.
El chisme no tiene interés en contar lo acaecido sino que contiene una intensión particular. En la actualidad el chisme se usa para denigrar, desacreditar, difamar, y desprestigiar.
El chismoso y la chismosa pronto aprenden que sus chismes le dan poder sobre los demás porque pueden infligir un daño a quien deseen, ayudarse a alcanzar objetivos en el trabajo o incluso, obtener ventajas en las relaciones de pareja.
Al echarle tierra a los demás, lo único que hacemos es ensuciarnos las manos.
